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Ramón Labañino Salazar: los 49 años de un militar del silencio

Ramón Labañino Salazar: los 49 años de un militar del silencio

Ramón Labañino Salazar celebra este 9 de junio sus 49 años, con la certeza de que un día la justicia podrá hacerse realidad. Cada día este gigante de cuerpo y de alma enfrenta el dolor y la nostalgia de su patria, de sus seres queridos, de su pueblo, de la querida isla que lo vio nacer.

Ramón afronta el sufrimiento de una separación  injusta. Aunque permanece hace casi 14 años tras las rejas, este tiempo en prisión, confiesa, lo ha convertido en mejor ser humano, porque conoce de la solidaridad, del amor entre los seres humanos, de la reciprocidad de la ternura.

Está a punto de llegar a las cinco décadas de vida, y ya las marcas del tiempo estén en su físico, pero Ramón sigue siendo joven de ideas, de espíritu y es capaz de ofrecer afecto hasta en las condiciones más extremas que el destino le ha impuesto.

Considera que fue un niño y un joven feliz. Se hizo economista, graduado con Diploma de Oro. Su madre, Nereyda Salazar, ya fallecida, quería que él fuera médico, o añoraba quizás, verlo vestido de militar.

“Nunca pude decirle a mi mamá, que desde muy temprana edad yo estaba cumpliendo también sus sueños: «yo era militar del silencio», sin el uniforme cotidiano, de esos que por menesteres de misiones importantes, deben guardar a buen recaudo su identidad para cumplir con las tareas de la patria”.

Ha confesado que lo marcó para siempre el atentado al avión de Barbados, hecho que lo comprometió, como expresara, “a servir en bien de evitar tales atrocidades, y darle un poco de seguridad y tranquilidad a nuestros pueblos y tantos seres humanos en el planeta”.

Ama el deporte, y prefiere en la literatura a José Martí y a Gabriel García Márquez; se declara el mismo romántico, guerrero y soñador de siempre y un poeta de la vida. Escribe versos, en los que habla de gaviotas blancas que echan a volar, y donde irradia su alma noble y pura, con poemas a la madre que no está, al Che,  y en especial a sus “mujeres del alma”: sus hijas Ailí, Lizbeth, Laura y a su esposa Elizabeth, a la que califica de “mi fuerza, mi energía, mi  inspiración, mi amor y mi amante, mi Penélope soñada, mi amiga y fiel compañera, mi idilio y mi promesa”.

Ramón Labañino cumple una condena indigna de 30 años de prisión por impedir la muerte de las hijas e hijos de su pueblo y de otras naciones. Por esa causa justa sabe que celebra este cumpleaños 49 más acompañado que nunca, con la convicción de que seguirá como el mismo hombre que soñó una vez su madre ver vestido de militar de la patria.

Quizás en ese ser que no pudo saber del altruismo y entrega de su hijo, devenido militar del silencio, pensaba Ramón cuando pronunció su Alegato de Defensa en el año 2011:

“¡Si por evitar la muerte de seres humanos inocentes, si por defender a nuestros dos países del terrorismo, y evitar una invasión inútil a Cuba es por lo que se me condena hoy, pues bienvenida sea!

¡Llevaré el uniforme de recluso con el mismo honor y orgullo con que un soldado lleva sus más preciadas insignias!”.

 

 

 

 

 

 

 

Bibliotecarios: el placer de servir

Bibliotecarios: el placer de servir

El placer de abrir un libro y adentrarse en sus páginas, es quizás, una de las experiencias más bellas y edificantes para un ser humano.

Cuando traspasamos, de niñas y niños, las puertas de una Biblioteca, comienzan a despertarse los sueños que jamás podremos abandonar en toda la vida.

Son las bibliotecarias y bibliotecarios quienes nos hacen descubrir ese mundo de imaginación.

Con ellas y ellos, y de las manos de maestras, maestros y padres, viajamos con Gulliver, llegamos al País de las Maravillas con Alicia, comprendemos cómo un patico feo se convierte en un hermoso cisne, y nos trasladamos a muchos planetas con un Principito que dice muchas verdades, y que quiere a su rosa y a su oveja.

Con las bibliotecarias y bibliotecarios conocemos al Hombre de la Edad de Oro, nuestro José Martí, e imaginamos a Pilar llevando sus zapaticos de rosa a una niña pobre y enferma, o a un Meñique que vence por su inteligencia y perseverancia. O a un Bebé que regala su sable dorado al primo olvidado y pobre  Raúl.

Inmensas también las emociones mezcladas cuando leemos Corazón, la historia del niño italiano, y sus anécdotas de un curso escolar,  donde vencen la amistad y el amor.

Gracias a las bibliotecarias y bibliotecarios conocemos más nuestro continente y sus leyendas fabulosas con esos Oros Viejos que jamás pasan de moda.

Después, en la adolescencia, son las bibliotecarias y bibliotecarios quienes nos dan las manos cuando, muy ansiosos, buscamos la bibliografía que necesitamos con urgencia para el trabajo práctico que urge entregar.

De adultos, en la universidad, descubrimos que en las esos recintos silenciosos existe como una magia inexplicable que nos hace estudiar mejor y atrapar con mayor celeridad cada conocimiento imprescindible para convertirnos en profesionales.

Las bibliotecas están definitivamente, ligadas a nuestras vidas, y a la propia existencia del ser humano.

No puedo imaginar cómo pudiéramos hoy acumular y guardar toda la historia y descubrimientos esenciales del mundo, si no existieran las Bibliotecas.

Hoy, las nuevas tecnologías nos permiten llegar más rápido a los datos que necesitamos. Pero la razón de ampliar conocimientos y ser mejores personas sigue inamovible.  No importa si el objetivo se alcanza frente a una computadora, o ante las páginas amarillas de un libro, o cuando abrimos una revista especializada, esa que tanto necesitábamos para encontrar el dato exacto,  Las bibliotecas y los hombres y mujeres que laboran en esos recintos, se enfrascan en conservar ese patrimonio universal, sin el cual sería muy difícil mirar al pasado y proyectarnos hacia el futuro.

Por eso, cuando honramos este 7 de junio al Padre de la Bibliografía de este país, el erudito Antonio Bachiller y Morales, estamos rindiendo justo tributo también a las bibliotecarias y  bibliotecarios cubanos en su día, esos seres imprescindibles en nuestro tránsito por la vida, esas personas anónimas, que han cultivado, para siempre el placer de servir.

 

Ministerio del Interior: 51 años en la salvaguarda del pueblo

Ministerio del Interior: 51 años en la salvaguarda del pueblo

Hace 51 años nació el Ministerio del Interior. Surgió de las propias entrañas del pueblo.

Hombres y mujeres que, con rostros anónimos u otros más visibles se consagran a una misión altruista y de amor: la salvaguarda de la seguridad nacional y la garantía de la tranquilidad y felicidad de las cubanas y los cubanos.

A los combatientes del MININT los ha caracterizado, en primera instancia, su sencillez, su capacidad sin límites de enfrentar las misiones más difíciles sin pedir nada a cambio, sólo la satisfacción del deber cumplido y de recibir, como regalo, la sonrisa y el agradecimiento de tantas personas que los admiran y respetan.

Allí están los policías, en las calles, luchando contra cualquier acto delictivo que pueda empañar la imagen de nuestro proyecto social.

Allí están los guardafronteras, vigilantes insomnes que protegen nuestras costas, los de la Aduana, preservando la pureza de la isla, los guardabosques, cuidando los recursos  naturales tan queridos por quienes vivimos en esta nación, y por quienes nos visitan. Los bomberos, “corazones de fuego”, como reza una canción del Grupo Cubano Buena Fé.

Allí están, en primera línea, salvando vidas cuando hay un desastre natural o cuando se provoca un incendio, o cuando hay  una catástrofe. Entonces, no escatiman sacrificios, ponen en peligro hasta sus propias vidas para proteger a sus semejantes.

Los he visto en medio de inundaciones provocadas por fuertes lluvias o por los recurrentes huracanes que laceran mi isla. Con los ojos enrojecidos por el cansancio, no vacilan en ir a los lugares más peligrosos para traer a un niño, una niña, una mujer o un anciano en brazos. Entonces, llegan con una sonrisa indescriptible, esa que sólo llevan quienes saben que han hecho un bien a los demás.

Constructores de sueños y esperanzas, no hay plan macabro contra nuestra Revolución que estos hombres y mujeres hayan permitido cristalizar.

Con rostros anónimos, con nombres propios olvidados, lejos de sus familias y de sus padres, infiltrados en las filas del enemigo, han devenido titanes del honor y de la seguridad del Estado y de su país, tan asediado por un enemigo que no permite la dignidad de quienes habitamos en esta isla.

Mientras dormimos, mientras llevamos a nuestras hijas e hijos a sus escuelas, mientras caminamos por nuestras calles con la certeza de la seguridad de un país donde la tranquilidad ciudadana no es una quimera, detrás de ese bienestar está el desvelo de quienes siempre serán la salvaguarda de la esperanza y del amor del pueblo.

 

Día Mundial del Medio Ambiente: salvar el futuro

Día Mundial del Medio Ambiente: salvar el futuro

Hace justamente 20 años, el líder cubano Fidel Castro advirtió al mundo lo que indeteniblemente se ha recrudecido en las últimas décadas: el peligro de extinción de la propia existencia del ser humano.

Fue en Río de Janeiro, Brasil, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, el 12 de junio de 1992, cuando Fidel habló ante todo el planeta, erigiéndose así en la voz más renovadora y visionaria: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”.

Y añadía: “Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo. Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente (…)Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer”.

A veinte años de esas proféticas palabras, el mundo se debate hoy en buscar todas las alternativas para salvar la gran casa de todos, este Planeta que nos dio la vida, nos garantiza la existencia y nos recibe después de la muerte, como simiente para la posteridad.

¿Qué le devolvemos a la Tierra? Guerras que desaparecen poblaciones y joyas patrimoniales, bosques talados, cuencas hidrográficas contaminadas, petróleo derramado al mar, tierras salinizadas por un mal manejo, manglares que se pierden, especies amenazadas y desaparecidas por la avaricia, ríos que cargan con los desechos de las industrias, contaminación, desechos sólidos y líquidos que se vierten por doquier.

A veinte años de Río, el sistema hegemónico global sigue apostando por la destrucción del mañana, por la codicia, el lujo de algunos  y el odio, mientras que la pobreza y el hambre matan a millones de personas, incluidos los niños y niñas a quienes se les impide llegar a la adultez.

Todavía hay tiempo de no llevar al mundo  a la autodestrucción.Detener las guerras, el saqueo, la explotación, ahí está la clave.

Este año el Día Mundial de Medio Ambiente apuesta por la energía sostenible. La naturaleza es sabia: el aire, el sol, los desechos convertidos en biogás o biomasa son opciones que el entorno nos ofrece para seguir desarrollando el futuro, no sólo por las generaciones que poblamos hoy este planeta contaminado, sino  por las venideras, por nuestros descendientes, a quienes no podemos negarle la oportunidad de nacer, y de ver una puesta de sol, el cielo azul, el vuelo de un ave, o el canto de un sinsonte, o la majestuosidad de una ballena o un delfín en nuestros océanos, o una flor, o una mariposa en un jardín, o disfrutar a la sombra de un árbol que nos regala sus frutos.

Y vuelvo a la Conferencia de Río, y al inolvidable discurso de Fidel, que retomamos hoy, por su trascendencia y total actualidad.

Nuestro Comandante en Jefe proponía una opción que debería tomarse en cuenta por políticos, gobernantes y líderes mundiales en este convulso Siglo XXI: “¿qué es lo que impide dedicar de inmediato esos recursos a promover el desarrollo del Tercer Mundo y combatir la amenaza de destrucción ecológica del planeta?

Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”.

Cuando celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, que este sea el llamado de estos tiempos, por los sueños, y sobre todo, por el futuro.

Celebra Villa Clara Día Mundial del Medio Ambiente con favorables resultados

Celebra Villa Clara Día Mundial del Medio Ambiente con favorables resultados

Villa Clara celebra el Día Mundial del Medio Ambiente con favorables resultados, y la implementación de una Estrategia Territorial que se extenderá hasta el 2015, con la  ejecución de  acciones específicas en el territorio, a favor de la gestión de los recursos naturales, la lucha contra la contaminación y el enfrentamiento al cambio climático.

Entre ellas destacan los Programas de Manejo Integrado Costero para las Zonas Especiales Este y Oeste, con tareas dirigidas a los sectores agroforestal, el turismo, la producción y servicios, la pesca, educación ambiental y comunicación social.

A partir del 2011 se implementaron los Programas Integrados de Medio Ambiente en los treces municipios del territorio, dirigidos a prioridades de la provincia como la protección de las cuencas hidrográficas, los macizos Bamburanao y Guamuhaya, así como otros temas de interés como la diversidad biológica, y la desertificación y sequía, entre otras.

El cumplimiento del programa de mejoramiento de suelos, el incremento del índice de boscosidad en un 0, 17 por ciento, y la reducción de la carga contaminante en unas 500 toneladas, junto a la entrega de la certificación de libre de sustancias Cloro fluoro carbonadas a 16 entidades del territorio, son otros avales.

De igual manera, se redujeron sólidos y líquidos del total de productos químicos, ociosos, caducos y desechos peligrosos, con soluciones factibles en empresas de la provincia como la Textilera Desembarco del Granma, la Empresa Eléctrica y entidades de la construcción.

Los estudios de Peligro, Vulnerabilidad y Riesgo para inundaciones por Intensas lluvias, penetraciones del mar y efectos de fuertes vientos, fueron completados y están en actual periodo de implementación de acuerdo al cronograma elaborado, mientras que se realizan los estudios correspondientes a deslizamientos e incendios rurales de grandes proporciones.

También fue aprobado y se ejecuta por el Consejo de la Administración el Programa de Enfrentamiento al Cambio Climático en Villa Clara, con prioridad para siete organismos: la Empresa Azucarera, la Agricultura, Recursos Hidráulicos, las Corporaciones ALMEST y GAVIOTA, junto al Turismo, Salud Pública, la Vivienda y la Pesca.

En la Gestión Ambiental, seis empresas tienen el Sistema de Gestión Ambiental certificado, entre las que destacan la Pesquera Industrial de Caibarién, (EPICAI), la de Proyectos, (EMPROY), la Fábrica de Fusibles y Desconectivos,  la Planta de Soldar Carriles (SOLCAR), y Cubaron, (Ronera Central).

Gerardo Hernández: una vida por la patria

Gerardo Hernández: una vida por la patria

Gerardo Hernández Nordelo cumple este 4 de junio sus 47 años de edad. Los cumple tras las rejas, en una prisión de máxima seguridad, condenado a la desmesurada, injusta e ilógica sanción de dos cadenas perpetuas y quince años de privación de libertad.

Casi 14 años ha resistido, junto con sus hermanos de lucha, este cubano grande. Y así, con la frente alta, ha enfrentado el enseñamiento más cruel: aislamiento, incomunicación, la tortura sicológica del “hueco”, el dolor de conocer de la enfermedad y posterior fallecimiento de su madre Carmen, la imposibilidad de ver siquiera una vez a su esposa Adriana.

Pero Gerardo llega a sus 47 años más libre que el enemigo que en él vierte todo el odio a un pueblo libre y digno.

Ahí están sus cartas diseminadas por todo el mundo, dirigidas a las amigas y amigos que despliegan iniciativas para que se conozca cada día más sobre el caso.

Ahí están sus palabras de amor a Adriana, la jovencita pequeña, bella y de ojos negros y grandes, que lo cautivó desde que la conoció en una parada de ómnibus de la Habana.

Ahí está su risa, su pasión por el equipo de pelota de Industriales, sus caricaturas, siempre críticas, aleccionadoras, contestatarias.

Ahí está su fino humor, sus gestos de bondad, su ternura infinita cuando le escribe a nuestro pueblo, o a los propios hijos e hijas del pueblo norteamericano, o cuando se dirige a la gente de bien del planeta, a quienes ha calificado como “un jurado de millones” que conseguirá la justicia.

Ahí está su alma abierta cuando salva a una avecilla en prisión, a la que llama Cardenal, y que, como cuento de hadas, aparece y desaparece en fechas simbólicas: su cumpleaños y el día de su boda.

Ahí está su voz cuando se le siente emocionado, al hablar con las niñas y niños de la compañía infantil la Colmenita, cuando  se presentaron en Estados Unidos, y con quienes envía un beso a la gente que le quiere.

Ahí está el joven que siguió las huellas internacionalistas del Che y fue a Angola, el que estudió Relaciones Internacionales, y defendió los sueños de llevar la voz de su país a todo el mundo; el que un día partió a Estados Unidos con la misión de impedir acciones terroristas en su patria; el que renunció incluso a su propia vida, a su familia, a su hogar, a su profesión, por una causa mayor.

Gerardo Hernández celebra estos 47 años más acompañado que nunca. Su nombre recorre el mundo, su causa es la causa de muchos. Su amor se multiplica, sus condenas son un dedo acusador contra el sistema jurídico norteamericano, una nación que se enarbola paladín de la lucha contra el terrorismo.

Su firmeza, su fe, su risa siempre franca son razones más que suficientes para continuar la lucha por la libertad de ese cubano digno que en el año 2001, ante un Tribunal parcializado y manipulado políticamente, aseveró:

 “Su señoría, la Fiscalía considera, y así lo ha pedido, que debo pasar el resto de mi vida en una cárcel. Confío en que si no es en este, en algún otro nivel del sistema, la razón y la justicia prevalecerán por encima de los prejuicios políticos y los deseos de venganza y se comprenderá que no hemos hecho ningún daño a este país, que merezca semejante condena. Pero si así no fuera, me permitiría repetir las palabras de uno de los más grandes patriotas de esta nación, Nathan Hale, cuando dijo: "Solo lamento no tener más que una vida para entregar por mi patria".

Cuando era una niña

Cuando era una niña

Cuando era una niña pensaba que tenía el mundo en mis manos. Y de alguna manera tenía razón.

Porque dichosamente nací en un país que me proporcionó la oportunidad de estudiar, de jugar en la calle, de ser protagonista de actividades culturales, donde me paraba en puntas y recitaba poemas del Cucalambé, del Indio naborí, de Guillén y de José Martí.

Con mis amiguitas del barrio vestí de enfermera, fui maestra, doctora, ingeniera, ama de casa, madre.

Jugaba al pon, o a los yakis, o a los palitos chinos, o a los escondidos, o al “Un dos tres, Cruz Roja es”. Hice maldades, como abrir el refrigerador y coger cualquier alimento para hacer comiditas que daba a las muñecas.

Cuando tenía que ir al médico, no olvido las manos siempre suaves de mi madre sobre mi frente, y la certeza de que podía llevarme al médico, porque no le iban a cobrar ni un céntimo para curarme.

Para ir a la escuela, ella me vestía con un uniforme impecable, mi pañoleta de pionera, y el pelo recogido en trenzas, “con tantas cintas y lazos”, que ahora ni prefiero recordar.

Luego me apasioné por la lectura, gracias a la inteligencia natural de mis padres y tías que me demostraron que también la lectura cultiva el alma y nos hace mejores seres humanos.

Tuve una infancia feliz, indudablemente.

Tuve muchos sueños que he podido cristalizar con el paso del tiempo. Otros quedaron en el camino, pero no por falta de oportunidades.

Cuando dejé de ser una niña, supe que mi infancia feliz fue también gracias a que había nacido en una isla recién liberada, donde cristalizaban las ideas martianas, El Hombre de la Edad de Oro que pedía a todas las niñas y niños de la América que fueran sus amigos.

Con el Principito de Antoine de Saint Exupery comprendí que “lo esencial es invisible a los ojos”.

Pasó el tiempo y el destino me negó la posibilidad de ser madre, pero de alguna manera la maternidad que todas las mujeres llevamos por dentro me hace sonreír, suspirar y hasta llorar de ternura cuando veo a las niñas y niños de mi país ir a la escuela cada mañana, o saltar de alegría en los parques, o correr por mi barrio, dando gritos, llenándose las manos de piedras y tierra, mientras las madres corren tras ellos para que no hagan semejante maldad.

Soy feliz cuando algún niño o niña viene y me pregunta alguna duda de una tarea que le pusieron en su escuela.

Soy feliz cuando imagino la infancia que tuvieron mis sobrinos, sin preocupaciones, sólo con la obligación de estudiar y pasar de grado. Todos se hicieron profesionales, y eso lo debo también a mi humilde país, que no regala grandes bienes materiales, pero sí el tesoro mayor, ese que se alberga en el corazón, con la bondad, con los sentimientos, con el honor, cuando se sabe que hay cosas inmensas que nos hacen amar esta isla hasta la médula.

Soy feliz cuando veo a las madres embarazadas acariciando sus vientres, seguras del mañana, cuando veo a las abuelas esperando sus nietos, cuando veo a los papás jugando a la pelota con sus pequeños, incluso cuando visito el Hospital Infantil de Santa Clara, y un artista les arranca una risa a los niños enfermos, allí ingresados, gracias al proyecto “Para una sonrisa”.

Soy feliz cuando sé que ninguna niña o niño cubano hacen trabajos forzados, que no limpian carros, ni van a la agricultura, ni a una mina, o cuando digo con orgullo que no son obligados a prostituirse, y que no consumen drogas.

Soy feliz cuando llevo ahora a mi ahijada Daniela al Parque Zoológico, y corre para ver los animales, y para jugar desenfrenadamente con su amiguita Karla.

Soy feliz, y ahora mismo tengo la certeza de que esa felicidad me la regaló un país libre que no me ha robado los sueños, y que de alguna manera, sigue alimentando en mí el mismo espíritu de niña que me hizo crecer adorando la ternura, la fidelidad y el amor, dones de una infancia eterna  que jamás podré despedir.

Martí a 117 años de su muerte: monte de espuma y madre sierra

Martí a 117 años de su muerte: monte de espuma y madre sierra

Se lanza un ángel de la altura,

Caída libre que da frío.

La orden de su jefatura

es descender hasta Dos Ríos.

Es diecinueve y también mayo,

monte de espuma y madre sierra,

cuando otro ángel a caballo

cae "con los pobres de la tierra".

 

Así describe el trovador cubano Silvio Rodríguez en su canción “Cita con Ángeles” la muerte de nuestro Martí aquel día fatídico de 1895.

Muchas son las historias que se tejen sobre la muerte del Apóstol, los tiros que recibió en pleno campo de batalla, poniendo el pecho a las balas españolas. Su imagen frágil e inmensa, derrumbándose sobre el blanco caballo Baconao, la tristeza del Mayor General Máximo Gómez y de sus hombres, quienes hicieron intentos infructuosos por rescatar el cadáver.

Cuentan que quince meses después de la muerte de Martí, el Generalísimo volvió al sitio donde Cuba había perdido al más universal de sus hijos, al hombre que puso en su justo lugar la palabra Patria, al que sabía exactamente la razón del sacrificio de su vida.

El sitio estaba perfectamente identificado. El campesino José Rosalía Pacheco, vecino de la finca Dos Ríos y quien departió con Martí poco antes de su muerte, había buscado, en compañía de su hijo Antonio en el campo de batalla, el pedazo de terreno donde quedó tendido el cuerpo del Héroe y al encontrarlo, por la sangre coagulada sobre la tierra, lo marcó con un pedazo de madera, conocido como “palo de corazón”.

En pleno gesto de tributo, Gómez pidió a su tropa colocar piedras del río en el sagrado sitio. Así surgió un monumento rústico, con una cruz de madera, de frente al sol, como el Héroe había anhelado.

Duele recordar la escena, y evocar aquel instante luctuoso para la patria.

Pero hoy prefiero evocar al Martí triunfante, que nos sigue guiando.

Quiero verlo este 19 de mayo, a la distancia de 117 años, homenajeado por sus guerreros, por sus compatriotas, que no permitieron que su muerte fuera verdad.

Quiero verlo, no convertido en estatua, sino vital, conduciendo la Guerra Necesaria, guiando al Cuartel Moncada a la generación de jóvenes del Centenario de su natalicio. Acompañando al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.

Quiero verlo renovado, con rosas blancas para el amigo, con su prosa y su verso ardiente, dándolo todo por Cuba.

Quiero verlo este 19 de mayo, conduciéndonos en el empeño de construir una patria mejor, con el sol del decoro y la estrella que ilumina y mata sobre la frente.

Diciéndole a cualquier niña o niño que haga algo bueno cada día en nombre de los demás, como lo pedía a María Mantilla.

Echando su suerte con los pobres de la tierra.

Mostrándonos que “La libertad cuesta muy cara” y que “La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella”.

O quizás nos encuentre Martí este día de su tránsito a la posteridad, releyendo la carta inconclusa a Manuel Mercado, para no olvidar jamás que todo cuanto hizo es para eso: “…para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

Es ese el Martí que se aparece este mayo, en los campos de Cuba, mirando también desde el Caribe a la América Nuestra, más unida, con vientos de soberanía y unidad.

Así nos encuentra Martí a los cubanos, este 19 de mayo. Un día en que volverán las rosas blancas, los versos, su Vindicación de Cuba y el Sol de la Libertad que siempre iluminará esta, su Patria querida.