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Noche guevariana en Santa Clara

Noche guevariana en Santa Clara

En una noche guevariana, cargada de memorias en imágenes y canciones, devino la cantata “A mi Comandante”; realizada este sábado en el Monumento a la Acción contra el Tren Blindado. Una razón unió al pueblo santaclareño en ese sitio histórico, junto a músicos que dedicaron su arte para recordar una imborrable efeméride: el aniversario 55 del momento en que el Che fuera ascendido al grado de Comandante por Fidel. El chileno Tato Ayres, Alejandro González y su grupo Yerba Buena, la vocalista villaclareña Damaris Figueroa y los trovadores del patio Roly Berrío, Alain Garrido, Juan Campos y Leonardo García hicieron de esta jornada un momento especial. Edgar González, Ministro Consejero de la Embajada de Venezuela en Cuba, entregó a los Cinco Héroes cubanos una copia fotostática de la carta de condolencia enviada a Frank País por la muerte de su hermano Josué, la cual lleva por primera vez la firma del Comandante Ernesto Guevara. Mirta Rodríguez, madre de Antonio Guerrero, presente en la actividad, recibió el documento en nombre de los luchadores antiterroristas y sus familiares. “El Che nunca faltó en la prisiones de nuestros hijos, cuando niños se hicieron pioneros y se comprometieron a seguir su ejemplo. Son jóvenes de esos tiempos, que fueron creciendo como el Guerrillero Heroico soñaba que fuera la juventud, y en general, todos los revolucionarios. Ellos cumplieron con ese juramento. Un día les convocó la vida a hacer una salida de emergencia para defender a su pueblo y defendernos de tantas crueldades; no pensaron en nada material, y creo que con esa actitud siguieron el legado del Che”, expresó Mirta quien manifestó sentirse honrada y agradecida a los que colaboraron para la realización de la cantata. Mirta Rodríguez, madre de Antonio Guerrero Mirta Rodríguez, madre de Antonio Guerrero “Ha sido un privilegio, me convocaron y aquí estoy, en una provincia tan especial como Villa Clara, y en esta ciudad. Aquí a unos pasos están los restos de los combatientes que acompañaron al Che a la guerrilla boliviana, ellos son ejemplo para seguir la lucha y continuar hasta la victoria siempre. Es por ello que recibo esta distinción con mucho sentimiento y sobre todo, por saber que no estamos solos en este combate por el regreso de nuestros hijos, que somos muchos los que luchamos”, expresó la madre del Héroe. La Embajada de Venezuela, junto a la Organización de Solidaridad con los pueblos de Africa, Asia y América Latina (OSPAAL), entregó también las copias fotostáticas del ascenso del Che a Comandante a otros compañeros, entre ellos, Luis Aneiro, de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, Santiago Feliú, Director de la revista Tricontinental e investigador del pensamiento guevariano, y a Víctor Dreke, quien fuera el segundo jefe de la Guerrilla del Che en el Congo. “Podemos decirle que Santa Clara heroica, combativa y revolucionaria no fallará al llamado de Fidel y Raúl, este pueblo combativo no fallará”, dijo Dreke al agradecer este momento. La cantata estuvo acompañada de videoclips realizados por Santiago Feliú, con imágenes del Guerrillero Heroico en sus diversas facetas, fotos prácticamente desconocidas de los artistas del lente Liborio Noval y Perfecto Romero, y con canciones paradigmáticas de figuras de la cultura cubana y del resto de Latinoamérica como Silvio Rodríguez, Omara Portuondo, Vicente Feliú y Alí Primera, entre otras. A propósito, Feliú resaltó la trascendencia de la cita: “no podía ser otra ciudad que Santa Clara, donde se recordara esta importante efeméride”, manifestó; y más adelante puntualizó: “Esta es una cantata a mi Comandante que es el Che, pero también es un homenaje a nuestro Comandante Fidel Castro, y al Comandante Chávez. Gracias, Santa Clara que está haciendo valedera la frase del Che: que la dureza de estos tiempos no nos haga perder la ternura de nuestros corazones”, finalizó visiblemente emocionado. El concierto terminó con la música de otra figura relevante de la cultura cubana: Gerardo Alfonso y su grupo. No pudo tener mejor cierre que la Canción Son los sueños todavía, dedicada al Che. “Para mí es un honor estar en Santa Clara, nunca había cantado en este sitio- declaró Gerardo Alfonso a la prensa, y manifestó: cuando hago esta canción honro al Guerrillero Heroico, y así me honro a mi también”.

En Santa Clara, Cantata de Homenaje al Che

En Santa Clara, Cantata de Homenaje al Che

La Cantata “A mi Comandante” tendrá lugar este sábado a las nueve de la noche, en el Monumento a la Acción contra el Tren Blindado de Santa Clara, en homenaje al aniversario 55 del momento en que el Che fuera ascendido al grado de Comandante por el líder de la Revolución cubana Fidel Castro.

Santiago Feliú, Director de la Revista Tricontinental y organizador de la cita, declaró a esta CMHW que la actividad constituye una iniciativa que nació en Villa Clara, a propósito del Año Guevariano, con al apoyo de la Embajada de Venezuela y la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina, y en la que estarán presentes trovadores cubanos, de la tierra bolivariana y de Chile.

“Está concebida audiovisualmente, pues se proyectarán junto al concierto videos clips dedicados a Ernesto Guevara, donde hay canciones paradigmáticas de  compositores e intérpretes cubanos y latinoamericanos como Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Alí Primera”, significó.

Todo el pueblo y fundamentalmente los jóvenes están convocados, portando pulóveres, fotos del Guerrillero Heroico,  pancartas, como sello de la actividad. “La idea es tener al Che entre nosotros en un momento muy difícil para la humanidad, donde él sigue siendo símbolo de los mejores valores”.

“Este es un regalo para Villa Clara, un sitio donde se sienten las huellas del Guerrillero y donde siempre renace. Volveremos a darle el rango de Comandante al Che y es también un tributo a los Comandantes invictos Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez Frías, símbolos de la unidad de nuestro continente”, expresó Feliú.

Roberto González: amar y luchar por la vida

Roberto González: amar y luchar por la vida

Quienes alguna vez tuvimos la dicha de compartir con Roberto González, escucharlo en una conferencia, en un diálogo con jóvenes, o entrevistarlo en los pasillos de un evento internacional, sabíamos muy bien cuál era la madera y  la fibra de ese hombre.

Pero el reportaje “Roberto González: amar y luchar por la vida”, audiovisual elaborado por los excelentes realizadores Estela Bravo y Julio Acanda,  nos trajo de vuelta a esa persona capaz de darlo todo, sin pedir nada a cambio, sólo la recompensa de una familia feliz y el regalo, siempre venerado, de dos hijos adolescentes buenos, que seguramente, más allá de los nombres que llevan (también Roberto y René),  sabrán perpetuar en el tiempo las vidas de él y de su hermano.

En el lecho de quien sabe está gravemente enfermo, con las marcas del padecimiento en el rostro, en los ojos cansados e inflamados, y en una voz más agotada, Roberto supo entregarnos la ¿última? lección de su vida.

Habló con vehemencia de su esposa, de cómo educaron a sus retoños, de su madre Irma, fuerte y titánica ante cada prueba que le ha dado el destino, de sus amigas y amigos, quienes le acompañaron en cada página de la historia que él escribió cada día, como cubano bueno de sus tiempos.

Sus compañeras y compañeros nos develaron al joven que estuvo en Angola (algo que jamás confesó por pura modestia, cuando hablaba con tanto orgullo del cumplimiento de misiones internacionalistas por tres de los cinco héroes). Y es que también con el material transmitido por la Televisión Cubana, supimos por primera vez, que ese joven que formó parte- como dijo uno de los entrevistados- de un “contingente de libertadores en Africa”.

Conocimos al universitario inteligente, el “Chévere”, que era capaz de asimilar bien rápido los conocimientos hasta graduarse de Licenciatura en Derecho. Al recién graduado que apostó por irse a una Microbrigada para hacerse merecedor de una vivienda, al que vio a su hermano partir hacia Angola, y luego supo que René, vestido de camuflaje se despedía del sobrino de ¡cuatro meses!, pidiéndole que fuera un hombre de bien.

Roberto, con la falta de aire y la tos que provoca la enfermedad que lo llevó a la muerte, todavía tenía fuerzas suficientes para sonreír, y decirnos que hay que ser buena persona, ayudar sin mirar a quién, continuar ayudando a cualquiera que lo necesite, sin solicitar recompensa ni agradecimientos. Un precepto que enarboló como la mayor divisa de su existencia.

Pero aún más: Roberto, el “brother”, tuvo la genialidad suficiente para explicar ante las cámaras por qué se había involucrado en el proceso de los cinco, y cuánta malsana injusticia había detrás del caso. Imposible calcular cuantas horas , cuantos días y noches debió haber dedicado el joven abogado a estudiar el idioma inglés hasta la perfección y las leyes norteamericanas, para demostrar, desde el propio sistema jurídico, cuantas violaciones se cometieron y se siguen cometiendo contra los luchadores antiterroristas. Y “lo hago por los cinco, pero sobre todo por Gerardo, porque lo que se hace contra Gerardo es cruel, al hacerle pagar dos vidas, cuando el propio Gobierno de los Estados Unidos sabe muy bien que es inocente”, dijo con una huella de dolor de quien sabe que falta mucho en esta batalla para lograr la victoria.

El reportaje termina con una nota de optimismo tan inmensa, que sólo alguien como Roberto González Sehwerert, “el Brother”, el “Chévere”, podía dejarnos: “Quiero ver a René y que él me lleve en bicicleta por la Habana”, dijo.

Y entonces, la imagen de los dos hermanos, así como él pidió, celebrando un cumpleaños, o fuertemente abrazados, nos devuelve la certeza de que la muerte no podrá vencer jamás la lucha por la vida. Porque Roberto, tal y como le pedía René en una de sus últimas cartas, seguirá respirando, a todo pulmón, hasta que la justicia y el Sol de la Libertad iluminen hasta verlos regresar a su Patria, a cinco cubanos, esos cinco hermanos a quienes dedicó hasta su último aliento, su profesión, todo el amor, y lo mejor de su vida.

 

Roberto González: su lucha por la dignidad de Cuba

Roberto González: su lucha por la dignidad de Cuba

Hay noticias que prefieren no escucharse en el instante en que la recibimos. Luego, la amarga realidad y el destino se empeñan en demostrarnos que, aunque nos quiebren y nos golpeen infinitamente, deben asumirse.

Roberto, el hermano de René dijo adiós a la vida, cuando todavía hacía tanta falta en una batalla que no culminará hasta que los cinco regresen a su Patria.

Roberto fue el abogado consagrado que entregó los últimos años a demostrar la justeza de una causa. No lo hacía con autosuficiencia ni con demostraciones de poder por sus amplios conocimientos jurídicos. Ni tan siquiera por los fuertes e indestructibles lazos de sangre que lo ataban a su hermano René.        

Roberto sabía que al demostrar la inocencia de los cinco, también defendía la dignidad de Cuba, y lo enseñaba de la manera más sencilla, con el verbo encendido, una sonrisa en los labios, palabras muy cubanas, y firmeza y ternura en su rostro.

“Las condenas impuestas a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y su hermano René son injustas. Ellos son inocentes. Pero ¿por qué lo decimos? ¿Cómo lo demostramos?” Eran sus primeras preguntas cada vez que dialogaba con un auditorio.

Entonces llegaban sus respuestas de manera diáfana, como ese ejemplo que siempre citaba, al hablar del estado de necesidad que tenía Cuba de defenderse del terrorismo.

Contaba que,  “aunque una persona no está entrenada como bombero, si ve un fuego y alguien corre peligro, había que romper puertas y ventanas de esa vivienda para salvar esa vida”. Así, sencillamente, convencía de la noble misión de  los cinco: salvar a seres humanos.

Tenía un argumento para cada pregunta, porque la razón siempre estaba a flor de piel.

Se dedicó en cuerpo y alma a buscar evidencias, estudiar el caso, nucleó amigos y especialistas de la rama del derecho en el mundo para visibilizar más las irregularidades del proceso. Asistió a los juicios y vistas de re-sentencias de quienes consideraba sus cinco hermanos, y nunca faltó su aliento en los instantes más duros.

El se convirtió en la voz de su pueblo y en el puente que definitivamente nos unió a los luchadores cubanos. Viajó kilómetros y kilómetros para encontrarse en cualquier parte del mundo con amigos de la solidaridad, con cualquiera que quisiera escucharlo.

Fue su lucha por la verdad, porque se hiciera la luz y para mostrar ante el mundo, definitivamente, la inocencia de los Héroes.

Si algo agradeceremos siempre a Roberto González es que no sólo nos enseñó a comprender desde el punto de vista legal las vilezas que se cometieron y siguen cometiéndose contra los cinco.

El nos descubrió a los hombres de carne y hueso, se empeñaba en demostrar que Gerardo, Fernando, Antonio, Ramón y René son hijos de su generación, y repetía una y otra vez que muchos cubanos y cubanas estarían dispuestos a hacer lo que ellos hicieron.

Contaba anécdotas sin cesar: las maldades que junto a René hicieron de niños, del equipo de pelota que preferían, hablaba de los familiares y las conversaciones puertas adentro del hogar, de la resistencia de los cinco, de cómo en los momentos más difíciles no flaquearon. Hablaba del amor que ellos inspiraban, de las madres, de las esposas, de los hijos que llegaron y los que nunca pudieron concebirse por el odio y la maldad de un enemigo que no perdona la altivez.

Quería verlos así, como esos seres que son, provistos de muchos sentimientos. Describía como excelente comunicador que era, las características de cada uno, en fin, logró acercarnos más a quienes parecían inalcanzables en un inicio por su estatura colosal.

Una periodista le preguntó una vez qué haría con su profesión y con su vida cuando terminara la lucha por el regreso de los cinco. Roberto confesó que nunca lo había pensado, pero que seguramente le quedarían fuerzas para luchar por otras causas justas.

Aún tuvo resistencia, dentro de su gravedad, para esperar y darle el último abrazo a René, quien pudo venir a visitarlo en condiciones de libertad condicional. Seguramente el diálogo de hermanos trajo muchos recuerdos y dejó sellados, quizás, compromisos que se establecen y que trascienden la vida o la muerte.

Hoy, cuando no está físicamente, sus palabras y su visión clara del deber, su consagración, su lealtad, serán como un talismán, como una luz que nos indicará el camino para continuar una batalla que él ayudó a incentivar por el regreso de los cinco, que es decir- y él lo sabía muy bien- por la dignidad y el honor de Cuba.

La radio cubana por dentro: 90 años de amor

La radio cubana por dentro: 90 años de amor

Desde que el 22 de agosto del año 1922 el músico y patriota Luis Casas Romero hizo surcar en el éter un sonido mágico, a través de la emisora 2-LC, la historia de Cuba ha estado indisolublemente vinculada a este medio de comunicación popular, sin dudas, el más masivo, el que, aseguran los estudiosos, hace volar la imaginación a dimensiones insospechadas.

Y es que la radio es esa compañía que ahuyenta las soledades, nos educa, nos hace pensar, nos recrea.

La radio tiene la sencillez de los grandes, porque no pide nada a cambio, sólo que siempre acudan a ella cuando se le necesita. Sus comunicadores y comunicadoras entran en las vidas de los oyentes, a tal punto que se forma un puente de amistad aunque jamás se hayan encontrado esos rostros frente a frente.

Emisoras que ya no existen y otras que permanecen en el gusto popular han marcado la vida de las cubanas y los cubanos.

La CMQ, Radio Reloj, la Mil Diez, RHC Cadena Azul, la COCO, Radio Progreso, CMBF, Radio Rebelde, Radio Habana Cuba, entre otras tantas, han dejado huellas en nuestro país, por su contribución al desarrollo de la cultura nacional, y su inserción y protagonismo en hechos decisivos de nuestra historia.

Artistas, locutores y programas renombrados marcaron pauta en la historia de la Radiodifusión: Félix B. Caignet, Manolín Álvarez, Iris Dávila, Enriqueta Sierra, Germán Pinelli, Eduardo Rosillo, Oscar Luis López, Joaquín Cuartas, Manuel Villar, Elvira Cervera, Héctor de Soto, José Antonio Alonso, Alberto Luberta, Marta Jiménez Oropesa, Carmen Solar, Isabel Aida Rodríguez, otras y otros que harían interminable esta enumeración, engrosan una larga lista de personalidades que han vestido y siguen vistiendo de largo este medio.

Baste mencionar programas como La Corte Suprema del Arte, la Universidad del Aire, las Aventuras de Chan-Li-Po, El derecho de nacer, Chicharito y Sopeira, Leonardo Moncada, Los Tres Villalobos, Alegrías de sobremesa, Nocturno, o Haciendo Radio, para constatar que la radio cubana ha sido paradigmática en la creación de formatos y propuestas novedosas en el decursar del tiempo.

La historia no quedó ahí: José Antonio Echevarría escogió a la emisora Radio Reloj para anunciar al pueblo el ataque al Palacio Presidencial, y denunciar al régimen de la dictadura batistiana.

Eduardo Chibás, líder del Partido ortodoxo eligió este medio para denunciar la corrupción y dar su último aldabonazo.

El Che y Fidel concibieron en la última etapa de las luchas independentistas cubanas, la creación de la Emisora Radio Rebelde, que desde la Sierra Maestra, llevó a la población los verdaderos informes de lo que estaba aconteciendo en nuestro país. La voz de Violeta Casals “Aquí Radio Rebelde”, todavía conmueve cuando se escucha en los archivos sonoros que se conservan en la isla.

Luego, son innumerables las páginas de Cuba que han quedado guardadas en esas voces que siempre han acompañado a este pueblo.

AÑOS 90: UN MOMENTO ESPECIAL EN EL PERIODO ESPECIAL

En los años 90, en pleno Período Especial, cuando hubo que recortar de manera drástica las tiradas de la prensa escrita y las horas televisivas, las emisoras ocuparon un espacio privilegiado en el espectro comunicacional de la Isla.

La radio, como una buena amiga, acogió, entonces, a reporteros y otros especialistas, y se hicieron programas con periodistas de medios de prensa escritos (Rebelde en Rebelde fue un magnífico ejemplo).

El 6 de enero de 1992 salió por vez primera el Noticiero Nacional de Radio, transmitido en cadena desde entonces a la 1 p.m. de la tarde para todo el país, con un increíble impacto, ante la carencia de información que repercutía en el pueblo en medio de la crisis.

Se incrementaron los horarios de transmisión y de manera paulatina, surgieron nuevas emisoras y estudios en municipios y localidades de la Isla. Fue un nuevo boom de la Radiodifusión cubana, después de su Época de Oro.

El medio más masivo contribuyó a orientar, y llevar el alieno y la esperanza que tanto necesitábamos entonces.

 

RADIO CUBANA: LOS RETOS DE HOY

Hoy las condiciones son diferentes. El nacimiento de tres nuevos canales televisivos (los dos Educativos y Multivisión), junto al desarrollo de los Telecentros y las corresponsalías televisivas en cada territorio, además del resurgir de medios de prensa y publicaciones escritas, son factores que le imponen a la radio cubana otros imperativos para llegar a su público.

Una conexión constante con los oyentes, darle mayor participación,  hacer una radio más democrática, donde todas las voces sean escuchadas y todos los temas abordados, es el desafío mayor.

Ante el desarrollo de las nuevas tecnologías, las preferencias del pueblo no han cedido ni un ápice hacia esa “cajita sonora” que nos regala música, informaciones, consejos, dramatizados, diálogo.

Ponernos más a tono con los nuevos tiempos, cambiar mentalidades en la forma de decir y de hacer cada espacio, romper paradigmas y rutinas,  encontrar una comunicación más personalizada que se parezca más a cada entorno, llegar con más coherencia a niños y jóvenes, en fin, ser fieles a esa población que nos sigue con mayor profesionalidad, será siempre el reto de estos tiempos, cuando la radio empieza a peinar canas, pero sale cada día, con las mismas energías, maquillada y con vitalidad, a ganarse el respeto que en nueve décadas la hizo posicionarse como la princesa de los medios.

El Che y Maceo: su legado de honor a los cinco héroes

El Che y Maceo: su legado de honor a los cinco héroes

Este 14 de junio volvió a recordarnos que las raíces de la historia de Cuba y de esta América nuestra calaron bien hondo en generaciones que ofrendaron hasta sus vidas por la libertad de la isla.

Cubanos y cubanas que, como los cinco héroes, aprendieron del Titán de Bronce que “La libertad no se mendiga, se conquista con el filo del machete”, y con el Guerrillero Heroico que "El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor".

Tres de nuestros héroes cumplieron misiones internacionalistas. Gerardo Hernández, René González y Fernando González vistieron de camuflaje y calzaron las botas de  guerrillero para ayudar a la emancipación del régimen del apartheid en África.

Así habían seguido las huellas del argentino-cubano, el hombre universal que enseñó, con su propio ejemplo a las nuevas generaciones: “Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario”. Y de Maceo, como de todos los próceres de nuestras gestas independentistas, los cinco también aprendieron la necesidad de ayudar a otros pueblos, tal y como enseñó el General Antonio, quien escribió en julio de 1884, que cuando Cuba fuera independiente, solicitaría permiso del gobierno que se constituyera, para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no le gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América.

Son páginas entrañables de una historia que comenzó desde que se aprendió en nuestra isla el sentido de patria.

Ramón Labañino ha escrito en versos que entre los objetos más importantes que hay en su celda está la imagen y la prosa del Che, y en su libro de poemas Gaviotas blancas, escribió en uno de sus versos: “¿qué soy?, sino tu palabra con filo, tu ejemplo, Comandante, tu ternura de amigo”

Y como ha confesado René González, Ernesto Guevara fue luz  y guía para una juventud,  hija de una patria nueva.

En un mensaje enviado a propósito del aniversario 35 del asesinato del Che, René escribió:

“Me enorgullezco de haber pertenecido a una generación de jóvenes cubanos que aprendió a venerarte, compartiendo tus anécdotas, leyendo tu diario de campaña o aprendiendo a ser mejores hombres y mujeres con tus “Pasajes de la Guerra Revolucionaria”, el libro que más veces he leído en mi vida y el que ese culto a la verdad y ese apego inflexible al rigor histórico que te caracterizaran sólo ceden un ápice ante tu modestia. (…)Aprendiendo a ser como el Che, más allá de cuánto o no lo hayamos logrado, todos hemos terminado siendo mejores seres humanos y así Cuba ha dado al mundo la generación más desprendida de toda la historia humana. (…)

Y agregaba:”Nunca me pareció más vivo el verde olivo que la noche en que lo vestí antes de desembarcar a Cabinda, a diez años de tu caída, y a sólo millas del lugar en que uniste para siempre tu suerte a la de nuestros hermanos del África. Casi estuvimos de nuevo a punto de darnos las manos” (…).

 

¿Qué legó el Che a los cinco? El mensaje de René es diáfano:

 

“Nos legaste la advertencia de que “en el imperialismo no se puede confiar pero ni un tantico así”, y con ella en mente el deber nos señaló nuevamente el camino, esta vez hacia el corazón del imperio, donde con nueva saña y ante una regresión de la historia humana nuevos peligros se cernían sobre Cuba. Hoy la adversidad me ha puesto nuevamente a prueba y me he podido dar cuenta de cuantas cosas me había traído conmigo desde allá: Me traje el revés del Moncada y la riposta de “La Historia me Absolverá”. Me traje el Granma y el infortunio de Alegría de Pío, pero también el encuentro cargado de optimismo de Cinco Palmas. Me traje los sueños realizados y los por realizar, las satisfacciones y las insatisfacciones, las victorias   y los reveses, lo que aprendí y lo que enseñé, los afectos y los desafectos, los amores y los desamores, los acuerdos y los desacuerdos, los sabores y sinsabores. Me traje las mañanas de La Habana llenas de niños en uniforme con sus tropelajes, sus risas y sus cantos. Me traje los carnavales y los trabajos voluntarios y me traje, por supuesto, la fábrica de mi papá. (…) Y ante todo el espectáculo vergonzoso y patético de unos testaferros del imperio derrotados, desmoralizados y abatidos me pude percatar también de que; sujetándolo todo bien fuerte y como en un puño; como para que no quedara vivencia sin atar, ejemplo sin seguir y llamado sin escuchar...¡ME TRAJE TU APRETÓN DE MANOS…HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!”.

 

En la manigua redentora Maceo dio quizás la mayor lección de un pueblo que no se deja rendir ni comprar. Con su machete liberador, y la dignidad que tuvo su cúspide mayor en la Protesta de Baraguá, el Titán nos enseñó que la independencia y la libertad de un país no son negociables. Páginas que sin dudas, han calado bien alto en nuestros cinco héroes, quienes permanecen casi catorce años prisioneros injustamente en Estados Unidos, con sus frentes altas y su dignidad “tan alta como las palmas”.

En su alegato de defensa pronunciado en el año 2001, Antonio Guerrero decía: “Si se me pidiera una cooperación similar, volvería a hacerlo con honor. En este momento viene a mi mente con fuerza y pasión un fragmento de una carta que el general cubano Antonio Maceo, quien luchó por la independencia de Cuba en el siglo XIX, le escribió a un general español: "No hallaré motivos para haberme desligado para con la humanidad. No es pues una política de odio la mía, es una política de amor; no es una política exclusiva, es una política fundada en la moral humana."

Y desde su prisión, también Tony dedicó estas décimas a Maceo

Maceo vive presente,

se encuentra por dondequiera,

en la eterna primavera

de las montañas de Oriente

y en las calles de Occidente

llenas de nuevas conquistas;

en el cubano optimista

que cumple con sus tareas;

en la Batalla de Ideas

de la Patria Socialista.

Su Baraguá nos alista,

nos guía y sirve de rienda

en la épica contienda

contra el odio imperialista.

Su Baraguá nos da vista

hacia un porvenir mejor,

en donde ofrenda y honor

de este pueblo irreductible

harán que sea posible

un mundo de paz y amor.

Este mes, cuando rendimos tributo a dos grandes hombres que unió el destino en su fecha de nacimiento (Maceo, el 14 de junio de 1845, en el Oriente Cubano y el Che el 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina), no debemos olvidar que personalidades de esa inmensa estatura ayudaron a conformar la simiente de una Patria que engendró hombres como los cinco héroes cubanos, luchadores por la paz, que llevan su sangre la estirpe mambisa y guerrillera de una isla irredenta.

Teófilo Stevenson se despide con el amor de su pueblo

Teófilo Stevenson se despide con el amor de su pueblo

La noticia nos consterna. Teófilo Stevenson, el gigante del boxeo cubano, nos dice adiós a la edad de 60 años.

Perdió la vida, víctima de un infarto cardiaco, cuando todavía tenía mucho que hacer en la entrega de sus enseñanzas, y su legado profesional y humano a las nuevas generaciones de deportistas de esta isla.

Confieso que no soy especialista en los temas deportivos, por tanto dejo a mis colegas especializados, a quienes tanto admiro, sus comentarios con datos estadísticos y referencias enjundiosas acerca del aporte que ofreció “Pirolo”-como le conocían sus familiares y amigos- al deporte revolucionario cubano.

Seguramente se multiplicarán por estos días los trabajos sobre esta figura inolvidable. Lo cierto es que el glorioso tunero pasa a la inmortalidad.

Recuerdo que era niña, y cada vez que e anunciaba un combate de Stevenson, era un verdadero show en mi pequeño barrio.

Los televisores y radios se ponían a todo volumen, y los gritos se multiplicaban cada vez que él daba un derechazo para noquear al adversario en el cuadrilátero.

Mis padres se abrazaban, y las frases eran recurrentes: ¡Tremendo campeón! ¡Un gigante! ¡Inmenso!. Entonces los aplausos, el delirio popular.

Parecía un príncipe: con carisma, alto, fuerte, dueño de movimientos elegantes y seguros, potente derecha, monarca absoluto de los pesos completos, Teófilo Stevenson Lawrence subyugaba además por sus palabras sencillas y humildes.

Y así con esa humildad que sólo tienen los grandes, respondía a la prensa, abrazaba a Fidel, estrechaba las manos de sus rivales, con quienes siempre fue muy respetuoso.

Con el mismo carácter afable del tunero que nació en casa pobre, cerca del Central Delicias, y que jamás abandonó sus raíces. Y fue eso, quizás, lo que hizo tan inmenso a esta gloria del boxeo mundial.

Su historial es bien conocido: Tricampeón olímpico (Munich 1972, Montreal 1976 y Moscú 1980)  y mundial (La Habana 1974, Belgrado 1978 y Reno, 1986),  obtuvo además, todos los títulos de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA).

Ganó 301 de los 321 combates celebrados a lo largo de 20 años en el ring. Al retirarse en 1988 pasó a trabajar en la Federación Cubana de Boxeo, de la cual era el vicepresidente y en la Comisión Nacional de Atención a Atletas Retirados y en Activo, del INDER.

Estrella indiscutible durante casi catorce años, Stevenson no se dejó cegar por el brillo de la fama. Y fue, a no dudarlo, esa incondicionalidad por su patria, por su pueblo, lo que le hizo ganar ese amor repartido de quienes jamás olvidamos su fidelidad y su ternura. Fue el paradigma de un atleta revolucionario, cubano, leal.

En reiteradas ocasiones recibió ofertas tentadoras: millones de dólares a cambio de su traición y del paso al boxeo profesional. Nunca aceptó. Los mercaderes se quedaron con los deseos de conquistarlo por un puñado de dinero.

Fue Fidel quien definió los rasgos y el aporte fundamental de este hombre de ébano de puño de acero y corazón de oro:

“Teófilo Stevenson merece el reconocimiento del pueblo cubano por su éxito deportivo derivado de su disciplina, de su consagración al deporte, de su valor, de su moral (...) Creemos que él dejó un ejemplo todavía más valioso que eso y es el instante en que le hablaron de la posibilidad de ganarse un millón de dólares. Ese joven, hijo de humilde familia y un humilde obrero oriental, dijo que él no cambiaba su pueblo por todos los dólares del mundo”.

Y así fue. Hoy quiero evocar a ese Stevenson que siempre quedará entre los millones de cubanas y cubanos que él amó y a quienes consagró su gloria. Los hijos e hijas de esta isla a quienes él dedicó toda su carrera y su vocación de deportista y de cubano, cuando aseveró: "Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos. Y no cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer".

El Derecho: una profesión ligada a la historia de Cuba

El Derecho: una profesión ligada a la historia de Cuba

Cuando acabamos de celebrar el Día del Trabajador Jurídico en Cuba, es válido repasar las páginas de la historia de esta isla. Sin dudas, grandes figuras que han escrito páginas gloriosas de nuestra Patria escogieron la Profesión de Derecho, quizás porque la justicia ha estado siempre entre los sentimientos más enraizados de la cubanía.

El Día del trabajador del sector se instituyó el 8 de junio, en homenaje a un gran patriota independentista, el Mayor Ignacio Agramonte y Loynaz, nacido en Camagüey en 1841 y muerto en combate por la libertad de Cuba en 1873.

Agramante redactó la primera Constitución cubana y el 8 de junio de 1865 defendió su Tesis de Grado para titularse como Licenciado en Derecho Civil y Canónico en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.

Su padre, el Licenciado Regidor Ignacio Agramonte y Sánchez-Pereira tuvo uno de los mejores bufetes con mucho prestigio profesional en el Camagüey legendario, y quizás fue quien incentivó en su hijo el amor a esa profesión. Otros miembros de la familia Agramante apostaron por la Abogacía.

Luego de cursar sus primeros estudios en La Habana y Barcelona, España, Agramonte, de regreso a Cuba, matricula Derecho en la Universidad de La Habana donde se gradúa primero como Licenciado en Derecho Civil y Canónico, en junio de 1865, y obtiene el Doctorado en 1867.

Sin dudas, la jurisprudencia le dio las armas del conocimiento para entender que la lucha por la justicia en Cuba debía comenzar por la libertad de esta isla y su emancipación  de la metrópoli española. A ello consagró su vida el “diamante con alma de beso”, como lo calificara José Martí.

El Presidente de la República de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, el 8 de julio de 1873 lo denominó "Heroico hijo". Mientras, el doctor Félix Figueredo Díaz, brigadier y jefe de sanidad del ejército oriental lo nombró, el 23 de julio de 1873, "ídolo de los camagüeyanos", y el Generalísimo Máximo Gómez Báez, admitió que Agramonte estaba llamado a ser el "Futuro Sucre cubano".

Y junto a las dotes revolucionarias que identificaron a ese camagüeyano hermoso y valiente, el destacado periodista camagüeyano Ricardo Correoso y Miranda publica en el periódico “El Machete" un artículo dedicado a honrarlo, donde lo designó "Ilustre abogado".

 

CESPEDES: OTRO ABOGADO DE LA REVOLUCION

El domingo 18 de abril de 1819, en la villa de San Salvador de Bayamo, perteneciente a la provincia cubana de Oriente, abrió los ojos al mundo Carlos Manuel Perfecto del Carmen Céspedes y del Castillo. Nacido en hogar de abolengo, típico de los adinerados terratenientes del Valle del Cauto, el niño es criado con todos los beneficios y comodidades,  propios de su alcurnia.

En su juventud, también Céspedes optó por la carrera de Derecho. El 22 de marzo de 1838 obtiene el grado de Bachiller en Derecho Civil en la Real y Pontificia Universidad de La Habana. Era el grado menor del Derecho en la época, con el cual no podía ejercerse la abogacía en Cuba. Sus próximas metas docentes se centraban, entonces, en obtener la Licenciatura.

En España concluye sus estudios y con el título de Abogado del Reino, como se le decía entonces, recorre diversos países europeos, donde comienza a entender la trascendencia de la palabra libertad.

A su regreso a Cuba en 1844, ya es un joven con sentimientos de patria, independencia y renovación. Se radica en Manzanillo, dedicado a su labor como abogado, y aumenta su clientela en su bufete por el prestigio adquirido en el profundo conocimiento de su profesión, su vasta cultura, su carácter afable y cortesía en el trato con la gente.

El 10 de octubre Céspedes da la libertad a sus esclavos y las campanas del ingenio la Demajagua, repican para llamar a los cubanos a la redención. Así este abogado cubano entró a la inmortalidad, cuando lanza ante el mundo el grito de ¡Viva Cuba Libre!

SIGLO XX: MELLA Y VILLENA: APOSTANDO POR LA JUSTICIA

Líderes jóvenes que en pleno siglo XX soñaron con una Cuba realmente libre, apostaron por estudiar la carrera de Derecho. Entre ellos, el revolucionario Julio Antonio Mella, cofundador del Partido Comunista de Cuba y de la Federación Estudiantil Universitaria, entre numerosas organizaciones, y quien devino  líder de talla internacional.

Nieto del general Ramón Matías Mella, prócer de la independencia del pueblo dominicano, e hijo de Nicanor Mella Breá, y de la joven inglesa Cecilia Magdalena Mac Pórtland y Diez, Mella comprendió muy temprano los males que acarreaba el imperialismo, y contra los desmanes  e injusticias de ese sistema ofrendó lo mejor de su vida en flor.

En una de las crónicas escritas en México, el joven escribió:

"Los pueblos hermanos (…) son hoy presas de un águila estrellada. ¿Por qué razón? ¿Por qué justicia? Por ninguna (...) Ver unidas a las repúblicas hispanoamericanas para verlas fuertes, dominadoras y servidoras de la libertad, diosa. He aquí mi ideal".

Quizás por ese sueño y ansias de justicia, matriculó Julio Antonio Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, donde deviene guía y paradigma del estudiantado cubano, defensor también de la renovación y reformas en ese sistema de enseñanza.

“…la Universidad Moderna-escribió Mella- debe influir de manera directa en la vida social, debe señalar las rutas del progreso, debe ocasionar por medio de la acción ese Progreso entre los individuos, debe por medio de sus profesores arrancar los misterios de la ciencia y exponerlos al conocimiento de los humanos”.

También Rubén Martínez Villena fue uno de los más importantes intelectuales de su generación. Artífice de la revolución del 30, que derrocó la tiranía del dictador Gerardo Machado, este joven de verbo encendido, rebelde contra la ignominia, y fiel a su país y a su generación, consagró su vida a la justicia.

Como una premonición, y cuando Villena tenía solo tres años, en un viaje en tren, el Generalísimo Máximo Gómez conoce al niño, e  impresionado ante la mirada del pequeño le anuncia:

“Tu vida tendrá luz plena de mediodía”. Y así fue.

En 1916 Rubén se gradúa de Bachiller en Ciencias y Letras y en septiembre del mismo año matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.

En 1922 se gradúa de Doctor en Derecho Civil y Público con excelentes resultados, y comienza a trabajar en el bufete del sabio y antropólogo cubano Fernando Ortiz. Con él se nutrió de ideas revolucionarias y de progreso, madura sus ideas antiimperialistas y entra en contacto con otros jóvenes y personalidades de la época como Pablo de la Torriente Brau y Emilio Roig de Leuschering.

¿Qué hizo a estos jóvenes escoger la carrera de Derecho? Indudablemente, nutrirse de conocimientos imprescindibles que les servirían más adelante para comprender las razones de un país que necesitaba transformar su realidad.

JOSE MARTI Y FIDEL CASTRO: EL DERECHO COMO SACERDOCIO

José Martí, el más universal de los cubanos, se graduó el 30 de junio 1874, de Licenciado en Derecho Civil y Canónico.

Posteriormente,  matricula en la Facultad de Filosofía y Letras, examinando todas las asignaturas entre finales de septiembre y octubre. El 24 de octubre de este año, alcanza el grado de Licenciado en Filosofía y Letras. Durante toda su vida corta y prolífera, consagrada a “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”, Martí entendió la justicia como algo consustancial al ser humano, para vivir en paz y armonía.

“Las palmas son novias que esperan: ¡Y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!”, escribió el Maestro Mayor, y su caída en  la manigua, en Dos Ríos, de cara al Sol, como él mismo había añorado, es quizás el símbolo mayor de un hombre que entendió la justicia como la razón de su vida.

El 27 de septiembre de 1945, avalado por su condición de bachiller en letras, obtenida en el Colegio de los padres Jesuitas de Belén, en La Habana, llegó el mejor discípulo de Martí, Fidel Castro, a la Universidad de La Habana, como aspirante a los títulos de Doctor en Derecho y Contador Público.

Llegaba con una valoración que auguraba su futuro: “Cursará la carrera de Derecho y no dudaremos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida, Fidel tiene madera y no faltará el artista”.

Se convirtió en un brillante abogado, y ejerció para siempre  una vocación que comenzó a forjarse en las aulas universitarias y se transformó en el sentido de su existencia: la de revolucionario convencido.

El líder de la Revolución cubana se graduó como Doctor en Derecho Civil y Licenciado en Derecho diplomático. Pero su título mayor es el de defensor de las causas nobles y justas, esas que hoy siguen enarbolando millones de personas que sueñan con un mundo mejor y posible. La justicia, la verdad, el amor, la ética han guiado la vida de este abogado de las ideas más nobles del planeta. Por eso retomamos una de sus frases, a las cuales ha entregado y sigue entregando lo mejor de su vida: “Esta humanidad tiene ansias de justicia”