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De Cuba.

El Che y Maceo: su legado de honor a los cinco héroes

El Che y Maceo: su legado de honor a los cinco héroes

Este 14 de junio volvió a recordarnos que las raíces de la historia de Cuba y de esta América nuestra calaron bien hondo en generaciones que ofrendaron hasta sus vidas por la libertad de la isla.

Cubanos y cubanas que, como los cinco héroes, aprendieron del Titán de Bronce que “La libertad no se mendiga, se conquista con el filo del machete”, y con el Guerrillero Heroico que "El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor".

Tres de nuestros héroes cumplieron misiones internacionalistas. Gerardo Hernández, René González y Fernando González vistieron de camuflaje y calzaron las botas de  guerrillero para ayudar a la emancipación del régimen del apartheid en África.

Así habían seguido las huellas del argentino-cubano, el hombre universal que enseñó, con su propio ejemplo a las nuevas generaciones: “Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario”. Y de Maceo, como de todos los próceres de nuestras gestas independentistas, los cinco también aprendieron la necesidad de ayudar a otros pueblos, tal y como enseñó el General Antonio, quien escribió en julio de 1884, que cuando Cuba fuera independiente, solicitaría permiso del gobierno que se constituyera, para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no le gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América.

Son páginas entrañables de una historia que comenzó desde que se aprendió en nuestra isla el sentido de patria.

Ramón Labañino ha escrito en versos que entre los objetos más importantes que hay en su celda está la imagen y la prosa del Che, y en su libro de poemas Gaviotas blancas, escribió en uno de sus versos: “¿qué soy?, sino tu palabra con filo, tu ejemplo, Comandante, tu ternura de amigo”

Y como ha confesado René González, Ernesto Guevara fue luz  y guía para una juventud,  hija de una patria nueva.

En un mensaje enviado a propósito del aniversario 35 del asesinato del Che, René escribió:

“Me enorgullezco de haber pertenecido a una generación de jóvenes cubanos que aprendió a venerarte, compartiendo tus anécdotas, leyendo tu diario de campaña o aprendiendo a ser mejores hombres y mujeres con tus “Pasajes de la Guerra Revolucionaria”, el libro que más veces he leído en mi vida y el que ese culto a la verdad y ese apego inflexible al rigor histórico que te caracterizaran sólo ceden un ápice ante tu modestia. (…)Aprendiendo a ser como el Che, más allá de cuánto o no lo hayamos logrado, todos hemos terminado siendo mejores seres humanos y así Cuba ha dado al mundo la generación más desprendida de toda la historia humana. (…)

Y agregaba:”Nunca me pareció más vivo el verde olivo que la noche en que lo vestí antes de desembarcar a Cabinda, a diez años de tu caída, y a sólo millas del lugar en que uniste para siempre tu suerte a la de nuestros hermanos del África. Casi estuvimos de nuevo a punto de darnos las manos” (…).

 

¿Qué legó el Che a los cinco? El mensaje de René es diáfano:

 

“Nos legaste la advertencia de que “en el imperialismo no se puede confiar pero ni un tantico así”, y con ella en mente el deber nos señaló nuevamente el camino, esta vez hacia el corazón del imperio, donde con nueva saña y ante una regresión de la historia humana nuevos peligros se cernían sobre Cuba. Hoy la adversidad me ha puesto nuevamente a prueba y me he podido dar cuenta de cuantas cosas me había traído conmigo desde allá: Me traje el revés del Moncada y la riposta de “La Historia me Absolverá”. Me traje el Granma y el infortunio de Alegría de Pío, pero también el encuentro cargado de optimismo de Cinco Palmas. Me traje los sueños realizados y los por realizar, las satisfacciones y las insatisfacciones, las victorias   y los reveses, lo que aprendí y lo que enseñé, los afectos y los desafectos, los amores y los desamores, los acuerdos y los desacuerdos, los sabores y sinsabores. Me traje las mañanas de La Habana llenas de niños en uniforme con sus tropelajes, sus risas y sus cantos. Me traje los carnavales y los trabajos voluntarios y me traje, por supuesto, la fábrica de mi papá. (…) Y ante todo el espectáculo vergonzoso y patético de unos testaferros del imperio derrotados, desmoralizados y abatidos me pude percatar también de que; sujetándolo todo bien fuerte y como en un puño; como para que no quedara vivencia sin atar, ejemplo sin seguir y llamado sin escuchar...¡ME TRAJE TU APRETÓN DE MANOS…HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!”.

 

En la manigua redentora Maceo dio quizás la mayor lección de un pueblo que no se deja rendir ni comprar. Con su machete liberador, y la dignidad que tuvo su cúspide mayor en la Protesta de Baraguá, el Titán nos enseñó que la independencia y la libertad de un país no son negociables. Páginas que sin dudas, han calado bien alto en nuestros cinco héroes, quienes permanecen casi catorce años prisioneros injustamente en Estados Unidos, con sus frentes altas y su dignidad “tan alta como las palmas”.

En su alegato de defensa pronunciado en el año 2001, Antonio Guerrero decía: “Si se me pidiera una cooperación similar, volvería a hacerlo con honor. En este momento viene a mi mente con fuerza y pasión un fragmento de una carta que el general cubano Antonio Maceo, quien luchó por la independencia de Cuba en el siglo XIX, le escribió a un general español: "No hallaré motivos para haberme desligado para con la humanidad. No es pues una política de odio la mía, es una política de amor; no es una política exclusiva, es una política fundada en la moral humana."

Y desde su prisión, también Tony dedicó estas décimas a Maceo

Maceo vive presente,

se encuentra por dondequiera,

en la eterna primavera

de las montañas de Oriente

y en las calles de Occidente

llenas de nuevas conquistas;

en el cubano optimista

que cumple con sus tareas;

en la Batalla de Ideas

de la Patria Socialista.

Su Baraguá nos alista,

nos guía y sirve de rienda

en la épica contienda

contra el odio imperialista.

Su Baraguá nos da vista

hacia un porvenir mejor,

en donde ofrenda y honor

de este pueblo irreductible

harán que sea posible

un mundo de paz y amor.

Este mes, cuando rendimos tributo a dos grandes hombres que unió el destino en su fecha de nacimiento (Maceo, el 14 de junio de 1845, en el Oriente Cubano y el Che el 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina), no debemos olvidar que personalidades de esa inmensa estatura ayudaron a conformar la simiente de una Patria que engendró hombres como los cinco héroes cubanos, luchadores por la paz, que llevan su sangre la estirpe mambisa y guerrillera de una isla irredenta.

Teófilo Stevenson se despide con el amor de su pueblo

Teófilo Stevenson se despide con el amor de su pueblo

La noticia nos consterna. Teófilo Stevenson, el gigante del boxeo cubano, nos dice adiós a la edad de 60 años.

Perdió la vida, víctima de un infarto cardiaco, cuando todavía tenía mucho que hacer en la entrega de sus enseñanzas, y su legado profesional y humano a las nuevas generaciones de deportistas de esta isla.

Confieso que no soy especialista en los temas deportivos, por tanto dejo a mis colegas especializados, a quienes tanto admiro, sus comentarios con datos estadísticos y referencias enjundiosas acerca del aporte que ofreció “Pirolo”-como le conocían sus familiares y amigos- al deporte revolucionario cubano.

Seguramente se multiplicarán por estos días los trabajos sobre esta figura inolvidable. Lo cierto es que el glorioso tunero pasa a la inmortalidad.

Recuerdo que era niña, y cada vez que e anunciaba un combate de Stevenson, era un verdadero show en mi pequeño barrio.

Los televisores y radios se ponían a todo volumen, y los gritos se multiplicaban cada vez que él daba un derechazo para noquear al adversario en el cuadrilátero.

Mis padres se abrazaban, y las frases eran recurrentes: ¡Tremendo campeón! ¡Un gigante! ¡Inmenso!. Entonces los aplausos, el delirio popular.

Parecía un príncipe: con carisma, alto, fuerte, dueño de movimientos elegantes y seguros, potente derecha, monarca absoluto de los pesos completos, Teófilo Stevenson Lawrence subyugaba además por sus palabras sencillas y humildes.

Y así con esa humildad que sólo tienen los grandes, respondía a la prensa, abrazaba a Fidel, estrechaba las manos de sus rivales, con quienes siempre fue muy respetuoso.

Con el mismo carácter afable del tunero que nació en casa pobre, cerca del Central Delicias, y que jamás abandonó sus raíces. Y fue eso, quizás, lo que hizo tan inmenso a esta gloria del boxeo mundial.

Su historial es bien conocido: Tricampeón olímpico (Munich 1972, Montreal 1976 y Moscú 1980)  y mundial (La Habana 1974, Belgrado 1978 y Reno, 1986),  obtuvo además, todos los títulos de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA).

Ganó 301 de los 321 combates celebrados a lo largo de 20 años en el ring. Al retirarse en 1988 pasó a trabajar en la Federación Cubana de Boxeo, de la cual era el vicepresidente y en la Comisión Nacional de Atención a Atletas Retirados y en Activo, del INDER.

Estrella indiscutible durante casi catorce años, Stevenson no se dejó cegar por el brillo de la fama. Y fue, a no dudarlo, esa incondicionalidad por su patria, por su pueblo, lo que le hizo ganar ese amor repartido de quienes jamás olvidamos su fidelidad y su ternura. Fue el paradigma de un atleta revolucionario, cubano, leal.

En reiteradas ocasiones recibió ofertas tentadoras: millones de dólares a cambio de su traición y del paso al boxeo profesional. Nunca aceptó. Los mercaderes se quedaron con los deseos de conquistarlo por un puñado de dinero.

Fue Fidel quien definió los rasgos y el aporte fundamental de este hombre de ébano de puño de acero y corazón de oro:

“Teófilo Stevenson merece el reconocimiento del pueblo cubano por su éxito deportivo derivado de su disciplina, de su consagración al deporte, de su valor, de su moral (...) Creemos que él dejó un ejemplo todavía más valioso que eso y es el instante en que le hablaron de la posibilidad de ganarse un millón de dólares. Ese joven, hijo de humilde familia y un humilde obrero oriental, dijo que él no cambiaba su pueblo por todos los dólares del mundo”.

Y así fue. Hoy quiero evocar a ese Stevenson que siempre quedará entre los millones de cubanas y cubanos que él amó y a quienes consagró su gloria. Los hijos e hijas de esta isla a quienes él dedicó toda su carrera y su vocación de deportista y de cubano, cuando aseveró: "Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos. Y no cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer".

El Derecho: una profesión ligada a la historia de Cuba

El Derecho: una profesión ligada a la historia de Cuba

Cuando acabamos de celebrar el Día del Trabajador Jurídico en Cuba, es válido repasar las páginas de la historia de esta isla. Sin dudas, grandes figuras que han escrito páginas gloriosas de nuestra Patria escogieron la Profesión de Derecho, quizás porque la justicia ha estado siempre entre los sentimientos más enraizados de la cubanía.

El Día del trabajador del sector se instituyó el 8 de junio, en homenaje a un gran patriota independentista, el Mayor Ignacio Agramonte y Loynaz, nacido en Camagüey en 1841 y muerto en combate por la libertad de Cuba en 1873.

Agramante redactó la primera Constitución cubana y el 8 de junio de 1865 defendió su Tesis de Grado para titularse como Licenciado en Derecho Civil y Canónico en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.

Su padre, el Licenciado Regidor Ignacio Agramonte y Sánchez-Pereira tuvo uno de los mejores bufetes con mucho prestigio profesional en el Camagüey legendario, y quizás fue quien incentivó en su hijo el amor a esa profesión. Otros miembros de la familia Agramante apostaron por la Abogacía.

Luego de cursar sus primeros estudios en La Habana y Barcelona, España, Agramonte, de regreso a Cuba, matricula Derecho en la Universidad de La Habana donde se gradúa primero como Licenciado en Derecho Civil y Canónico, en junio de 1865, y obtiene el Doctorado en 1867.

Sin dudas, la jurisprudencia le dio las armas del conocimiento para entender que la lucha por la justicia en Cuba debía comenzar por la libertad de esta isla y su emancipación  de la metrópoli española. A ello consagró su vida el “diamante con alma de beso”, como lo calificara José Martí.

El Presidente de la República de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, el 8 de julio de 1873 lo denominó "Heroico hijo". Mientras, el doctor Félix Figueredo Díaz, brigadier y jefe de sanidad del ejército oriental lo nombró, el 23 de julio de 1873, "ídolo de los camagüeyanos", y el Generalísimo Máximo Gómez Báez, admitió que Agramonte estaba llamado a ser el "Futuro Sucre cubano".

Y junto a las dotes revolucionarias que identificaron a ese camagüeyano hermoso y valiente, el destacado periodista camagüeyano Ricardo Correoso y Miranda publica en el periódico “El Machete" un artículo dedicado a honrarlo, donde lo designó "Ilustre abogado".

 

CESPEDES: OTRO ABOGADO DE LA REVOLUCION

El domingo 18 de abril de 1819, en la villa de San Salvador de Bayamo, perteneciente a la provincia cubana de Oriente, abrió los ojos al mundo Carlos Manuel Perfecto del Carmen Céspedes y del Castillo. Nacido en hogar de abolengo, típico de los adinerados terratenientes del Valle del Cauto, el niño es criado con todos los beneficios y comodidades,  propios de su alcurnia.

En su juventud, también Céspedes optó por la carrera de Derecho. El 22 de marzo de 1838 obtiene el grado de Bachiller en Derecho Civil en la Real y Pontificia Universidad de La Habana. Era el grado menor del Derecho en la época, con el cual no podía ejercerse la abogacía en Cuba. Sus próximas metas docentes se centraban, entonces, en obtener la Licenciatura.

En España concluye sus estudios y con el título de Abogado del Reino, como se le decía entonces, recorre diversos países europeos, donde comienza a entender la trascendencia de la palabra libertad.

A su regreso a Cuba en 1844, ya es un joven con sentimientos de patria, independencia y renovación. Se radica en Manzanillo, dedicado a su labor como abogado, y aumenta su clientela en su bufete por el prestigio adquirido en el profundo conocimiento de su profesión, su vasta cultura, su carácter afable y cortesía en el trato con la gente.

El 10 de octubre Céspedes da la libertad a sus esclavos y las campanas del ingenio la Demajagua, repican para llamar a los cubanos a la redención. Así este abogado cubano entró a la inmortalidad, cuando lanza ante el mundo el grito de ¡Viva Cuba Libre!

SIGLO XX: MELLA Y VILLENA: APOSTANDO POR LA JUSTICIA

Líderes jóvenes que en pleno siglo XX soñaron con una Cuba realmente libre, apostaron por estudiar la carrera de Derecho. Entre ellos, el revolucionario Julio Antonio Mella, cofundador del Partido Comunista de Cuba y de la Federación Estudiantil Universitaria, entre numerosas organizaciones, y quien devino  líder de talla internacional.

Nieto del general Ramón Matías Mella, prócer de la independencia del pueblo dominicano, e hijo de Nicanor Mella Breá, y de la joven inglesa Cecilia Magdalena Mac Pórtland y Diez, Mella comprendió muy temprano los males que acarreaba el imperialismo, y contra los desmanes  e injusticias de ese sistema ofrendó lo mejor de su vida en flor.

En una de las crónicas escritas en México, el joven escribió:

"Los pueblos hermanos (…) son hoy presas de un águila estrellada. ¿Por qué razón? ¿Por qué justicia? Por ninguna (...) Ver unidas a las repúblicas hispanoamericanas para verlas fuertes, dominadoras y servidoras de la libertad, diosa. He aquí mi ideal".

Quizás por ese sueño y ansias de justicia, matriculó Julio Antonio Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, donde deviene guía y paradigma del estudiantado cubano, defensor también de la renovación y reformas en ese sistema de enseñanza.

“…la Universidad Moderna-escribió Mella- debe influir de manera directa en la vida social, debe señalar las rutas del progreso, debe ocasionar por medio de la acción ese Progreso entre los individuos, debe por medio de sus profesores arrancar los misterios de la ciencia y exponerlos al conocimiento de los humanos”.

También Rubén Martínez Villena fue uno de los más importantes intelectuales de su generación. Artífice de la revolución del 30, que derrocó la tiranía del dictador Gerardo Machado, este joven de verbo encendido, rebelde contra la ignominia, y fiel a su país y a su generación, consagró su vida a la justicia.

Como una premonición, y cuando Villena tenía solo tres años, en un viaje en tren, el Generalísimo Máximo Gómez conoce al niño, e  impresionado ante la mirada del pequeño le anuncia:

“Tu vida tendrá luz plena de mediodía”. Y así fue.

En 1916 Rubén se gradúa de Bachiller en Ciencias y Letras y en septiembre del mismo año matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.

En 1922 se gradúa de Doctor en Derecho Civil y Público con excelentes resultados, y comienza a trabajar en el bufete del sabio y antropólogo cubano Fernando Ortiz. Con él se nutrió de ideas revolucionarias y de progreso, madura sus ideas antiimperialistas y entra en contacto con otros jóvenes y personalidades de la época como Pablo de la Torriente Brau y Emilio Roig de Leuschering.

¿Qué hizo a estos jóvenes escoger la carrera de Derecho? Indudablemente, nutrirse de conocimientos imprescindibles que les servirían más adelante para comprender las razones de un país que necesitaba transformar su realidad.

JOSE MARTI Y FIDEL CASTRO: EL DERECHO COMO SACERDOCIO

José Martí, el más universal de los cubanos, se graduó el 30 de junio 1874, de Licenciado en Derecho Civil y Canónico.

Posteriormente,  matricula en la Facultad de Filosofía y Letras, examinando todas las asignaturas entre finales de septiembre y octubre. El 24 de octubre de este año, alcanza el grado de Licenciado en Filosofía y Letras. Durante toda su vida corta y prolífera, consagrada a “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”, Martí entendió la justicia como algo consustancial al ser humano, para vivir en paz y armonía.

“Las palmas son novias que esperan: ¡Y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!”, escribió el Maestro Mayor, y su caída en  la manigua, en Dos Ríos, de cara al Sol, como él mismo había añorado, es quizás el símbolo mayor de un hombre que entendió la justicia como la razón de su vida.

El 27 de septiembre de 1945, avalado por su condición de bachiller en letras, obtenida en el Colegio de los padres Jesuitas de Belén, en La Habana, llegó el mejor discípulo de Martí, Fidel Castro, a la Universidad de La Habana, como aspirante a los títulos de Doctor en Derecho y Contador Público.

Llegaba con una valoración que auguraba su futuro: “Cursará la carrera de Derecho y no dudaremos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida, Fidel tiene madera y no faltará el artista”.

Se convirtió en un brillante abogado, y ejerció para siempre  una vocación que comenzó a forjarse en las aulas universitarias y se transformó en el sentido de su existencia: la de revolucionario convencido.

El líder de la Revolución cubana se graduó como Doctor en Derecho Civil y Licenciado en Derecho diplomático. Pero su título mayor es el de defensor de las causas nobles y justas, esas que hoy siguen enarbolando millones de personas que sueñan con un mundo mejor y posible. La justicia, la verdad, el amor, la ética han guiado la vida de este abogado de las ideas más nobles del planeta. Por eso retomamos una de sus frases, a las cuales ha entregado y sigue entregando lo mejor de su vida: “Esta humanidad tiene ansias de justicia”

 

Bibliotecarios: el placer de servir

Bibliotecarios: el placer de servir

El placer de abrir un libro y adentrarse en sus páginas, es quizás, una de las experiencias más bellas y edificantes para un ser humano.

Cuando traspasamos, de niñas y niños, las puertas de una Biblioteca, comienzan a despertarse los sueños que jamás podremos abandonar en toda la vida.

Son las bibliotecarias y bibliotecarios quienes nos hacen descubrir ese mundo de imaginación.

Con ellas y ellos, y de las manos de maestras, maestros y padres, viajamos con Gulliver, llegamos al País de las Maravillas con Alicia, comprendemos cómo un patico feo se convierte en un hermoso cisne, y nos trasladamos a muchos planetas con un Principito que dice muchas verdades, y que quiere a su rosa y a su oveja.

Con las bibliotecarias y bibliotecarios conocemos al Hombre de la Edad de Oro, nuestro José Martí, e imaginamos a Pilar llevando sus zapaticos de rosa a una niña pobre y enferma, o a un Meñique que vence por su inteligencia y perseverancia. O a un Bebé que regala su sable dorado al primo olvidado y pobre  Raúl.

Inmensas también las emociones mezcladas cuando leemos Corazón, la historia del niño italiano, y sus anécdotas de un curso escolar,  donde vencen la amistad y el amor.

Gracias a las bibliotecarias y bibliotecarios conocemos más nuestro continente y sus leyendas fabulosas con esos Oros Viejos que jamás pasan de moda.

Después, en la adolescencia, son las bibliotecarias y bibliotecarios quienes nos dan las manos cuando, muy ansiosos, buscamos la bibliografía que necesitamos con urgencia para el trabajo práctico que urge entregar.

De adultos, en la universidad, descubrimos que en las esos recintos silenciosos existe como una magia inexplicable que nos hace estudiar mejor y atrapar con mayor celeridad cada conocimiento imprescindible para convertirnos en profesionales.

Las bibliotecas están definitivamente, ligadas a nuestras vidas, y a la propia existencia del ser humano.

No puedo imaginar cómo pudiéramos hoy acumular y guardar toda la historia y descubrimientos esenciales del mundo, si no existieran las Bibliotecas.

Hoy, las nuevas tecnologías nos permiten llegar más rápido a los datos que necesitamos. Pero la razón de ampliar conocimientos y ser mejores personas sigue inamovible.  No importa si el objetivo se alcanza frente a una computadora, o ante las páginas amarillas de un libro, o cuando abrimos una revista especializada, esa que tanto necesitábamos para encontrar el dato exacto,  Las bibliotecas y los hombres y mujeres que laboran en esos recintos, se enfrascan en conservar ese patrimonio universal, sin el cual sería muy difícil mirar al pasado y proyectarnos hacia el futuro.

Por eso, cuando honramos este 7 de junio al Padre de la Bibliografía de este país, el erudito Antonio Bachiller y Morales, estamos rindiendo justo tributo también a las bibliotecarias y  bibliotecarios cubanos en su día, esos seres imprescindibles en nuestro tránsito por la vida, esas personas anónimas, que han cultivado, para siempre el placer de servir.

 

Ministerio del Interior: 51 años en la salvaguarda del pueblo

Ministerio del Interior: 51 años en la salvaguarda del pueblo

Hace 51 años nació el Ministerio del Interior. Surgió de las propias entrañas del pueblo.

Hombres y mujeres que, con rostros anónimos u otros más visibles se consagran a una misión altruista y de amor: la salvaguarda de la seguridad nacional y la garantía de la tranquilidad y felicidad de las cubanas y los cubanos.

A los combatientes del MININT los ha caracterizado, en primera instancia, su sencillez, su capacidad sin límites de enfrentar las misiones más difíciles sin pedir nada a cambio, sólo la satisfacción del deber cumplido y de recibir, como regalo, la sonrisa y el agradecimiento de tantas personas que los admiran y respetan.

Allí están los policías, en las calles, luchando contra cualquier acto delictivo que pueda empañar la imagen de nuestro proyecto social.

Allí están los guardafronteras, vigilantes insomnes que protegen nuestras costas, los de la Aduana, preservando la pureza de la isla, los guardabosques, cuidando los recursos  naturales tan queridos por quienes vivimos en esta nación, y por quienes nos visitan. Los bomberos, “corazones de fuego”, como reza una canción del Grupo Cubano Buena Fé.

Allí están, en primera línea, salvando vidas cuando hay un desastre natural o cuando se provoca un incendio, o cuando hay  una catástrofe. Entonces, no escatiman sacrificios, ponen en peligro hasta sus propias vidas para proteger a sus semejantes.

Los he visto en medio de inundaciones provocadas por fuertes lluvias o por los recurrentes huracanes que laceran mi isla. Con los ojos enrojecidos por el cansancio, no vacilan en ir a los lugares más peligrosos para traer a un niño, una niña, una mujer o un anciano en brazos. Entonces, llegan con una sonrisa indescriptible, esa que sólo llevan quienes saben que han hecho un bien a los demás.

Constructores de sueños y esperanzas, no hay plan macabro contra nuestra Revolución que estos hombres y mujeres hayan permitido cristalizar.

Con rostros anónimos, con nombres propios olvidados, lejos de sus familias y de sus padres, infiltrados en las filas del enemigo, han devenido titanes del honor y de la seguridad del Estado y de su país, tan asediado por un enemigo que no permite la dignidad de quienes habitamos en esta isla.

Mientras dormimos, mientras llevamos a nuestras hijas e hijos a sus escuelas, mientras caminamos por nuestras calles con la certeza de la seguridad de un país donde la tranquilidad ciudadana no es una quimera, detrás de ese bienestar está el desvelo de quienes siempre serán la salvaguarda de la esperanza y del amor del pueblo.

 

Cuando era una niña

Cuando era una niña

Cuando era una niña pensaba que tenía el mundo en mis manos. Y de alguna manera tenía razón.

Porque dichosamente nací en un país que me proporcionó la oportunidad de estudiar, de jugar en la calle, de ser protagonista de actividades culturales, donde me paraba en puntas y recitaba poemas del Cucalambé, del Indio naborí, de Guillén y de José Martí.

Con mis amiguitas del barrio vestí de enfermera, fui maestra, doctora, ingeniera, ama de casa, madre.

Jugaba al pon, o a los yakis, o a los palitos chinos, o a los escondidos, o al “Un dos tres, Cruz Roja es”. Hice maldades, como abrir el refrigerador y coger cualquier alimento para hacer comiditas que daba a las muñecas.

Cuando tenía que ir al médico, no olvido las manos siempre suaves de mi madre sobre mi frente, y la certeza de que podía llevarme al médico, porque no le iban a cobrar ni un céntimo para curarme.

Para ir a la escuela, ella me vestía con un uniforme impecable, mi pañoleta de pionera, y el pelo recogido en trenzas, “con tantas cintas y lazos”, que ahora ni prefiero recordar.

Luego me apasioné por la lectura, gracias a la inteligencia natural de mis padres y tías que me demostraron que también la lectura cultiva el alma y nos hace mejores seres humanos.

Tuve una infancia feliz, indudablemente.

Tuve muchos sueños que he podido cristalizar con el paso del tiempo. Otros quedaron en el camino, pero no por falta de oportunidades.

Cuando dejé de ser una niña, supe que mi infancia feliz fue también gracias a que había nacido en una isla recién liberada, donde cristalizaban las ideas martianas, El Hombre de la Edad de Oro que pedía a todas las niñas y niños de la América que fueran sus amigos.

Con el Principito de Antoine de Saint Exupery comprendí que “lo esencial es invisible a los ojos”.

Pasó el tiempo y el destino me negó la posibilidad de ser madre, pero de alguna manera la maternidad que todas las mujeres llevamos por dentro me hace sonreír, suspirar y hasta llorar de ternura cuando veo a las niñas y niños de mi país ir a la escuela cada mañana, o saltar de alegría en los parques, o correr por mi barrio, dando gritos, llenándose las manos de piedras y tierra, mientras las madres corren tras ellos para que no hagan semejante maldad.

Soy feliz cuando algún niño o niña viene y me pregunta alguna duda de una tarea que le pusieron en su escuela.

Soy feliz cuando imagino la infancia que tuvieron mis sobrinos, sin preocupaciones, sólo con la obligación de estudiar y pasar de grado. Todos se hicieron profesionales, y eso lo debo también a mi humilde país, que no regala grandes bienes materiales, pero sí el tesoro mayor, ese que se alberga en el corazón, con la bondad, con los sentimientos, con el honor, cuando se sabe que hay cosas inmensas que nos hacen amar esta isla hasta la médula.

Soy feliz cuando veo a las madres embarazadas acariciando sus vientres, seguras del mañana, cuando veo a las abuelas esperando sus nietos, cuando veo a los papás jugando a la pelota con sus pequeños, incluso cuando visito el Hospital Infantil de Santa Clara, y un artista les arranca una risa a los niños enfermos, allí ingresados, gracias al proyecto “Para una sonrisa”.

Soy feliz cuando sé que ninguna niña o niño cubano hacen trabajos forzados, que no limpian carros, ni van a la agricultura, ni a una mina, o cuando digo con orgullo que no son obligados a prostituirse, y que no consumen drogas.

Soy feliz cuando llevo ahora a mi ahijada Daniela al Parque Zoológico, y corre para ver los animales, y para jugar desenfrenadamente con su amiguita Karla.

Soy feliz, y ahora mismo tengo la certeza de que esa felicidad me la regaló un país libre que no me ha robado los sueños, y que de alguna manera, sigue alimentando en mí el mismo espíritu de niña que me hizo crecer adorando la ternura, la fidelidad y el amor, dones de una infancia eterna  que jamás podré despedir.

Martí a 117 años de su muerte: monte de espuma y madre sierra

Martí a 117 años de su muerte: monte de espuma y madre sierra

Se lanza un ángel de la altura,

Caída libre que da frío.

La orden de su jefatura

es descender hasta Dos Ríos.

Es diecinueve y también mayo,

monte de espuma y madre sierra,

cuando otro ángel a caballo

cae "con los pobres de la tierra".

 

Así describe el trovador cubano Silvio Rodríguez en su canción “Cita con Ángeles” la muerte de nuestro Martí aquel día fatídico de 1895.

Muchas son las historias que se tejen sobre la muerte del Apóstol, los tiros que recibió en pleno campo de batalla, poniendo el pecho a las balas españolas. Su imagen frágil e inmensa, derrumbándose sobre el blanco caballo Baconao, la tristeza del Mayor General Máximo Gómez y de sus hombres, quienes hicieron intentos infructuosos por rescatar el cadáver.

Cuentan que quince meses después de la muerte de Martí, el Generalísimo volvió al sitio donde Cuba había perdido al más universal de sus hijos, al hombre que puso en su justo lugar la palabra Patria, al que sabía exactamente la razón del sacrificio de su vida.

El sitio estaba perfectamente identificado. El campesino José Rosalía Pacheco, vecino de la finca Dos Ríos y quien departió con Martí poco antes de su muerte, había buscado, en compañía de su hijo Antonio en el campo de batalla, el pedazo de terreno donde quedó tendido el cuerpo del Héroe y al encontrarlo, por la sangre coagulada sobre la tierra, lo marcó con un pedazo de madera, conocido como “palo de corazón”.

En pleno gesto de tributo, Gómez pidió a su tropa colocar piedras del río en el sagrado sitio. Así surgió un monumento rústico, con una cruz de madera, de frente al sol, como el Héroe había anhelado.

Duele recordar la escena, y evocar aquel instante luctuoso para la patria.

Pero hoy prefiero evocar al Martí triunfante, que nos sigue guiando.

Quiero verlo este 19 de mayo, a la distancia de 117 años, homenajeado por sus guerreros, por sus compatriotas, que no permitieron que su muerte fuera verdad.

Quiero verlo, no convertido en estatua, sino vital, conduciendo la Guerra Necesaria, guiando al Cuartel Moncada a la generación de jóvenes del Centenario de su natalicio. Acompañando al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.

Quiero verlo renovado, con rosas blancas para el amigo, con su prosa y su verso ardiente, dándolo todo por Cuba.

Quiero verlo este 19 de mayo, conduciéndonos en el empeño de construir una patria mejor, con el sol del decoro y la estrella que ilumina y mata sobre la frente.

Diciéndole a cualquier niña o niño que haga algo bueno cada día en nombre de los demás, como lo pedía a María Mantilla.

Echando su suerte con los pobres de la tierra.

Mostrándonos que “La libertad cuesta muy cara” y que “La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella”.

O quizás nos encuentre Martí este día de su tránsito a la posteridad, releyendo la carta inconclusa a Manuel Mercado, para no olvidar jamás que todo cuanto hizo es para eso: “…para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

Es ese el Martí que se aparece este mayo, en los campos de Cuba, mirando también desde el Caribe a la América Nuestra, más unida, con vientos de soberanía y unidad.

Así nos encuentra Martí a los cubanos, este 19 de mayo. Un día en que volverán las rosas blancas, los versos, su Vindicación de Cuba y el Sol de la Libertad que siempre iluminará esta, su Patria querida.

 

Benedicto XVI agradeció al Gobierno y pueblo de Cuba por la cálida acogida y las muestras de cariño ofrecidas durante su reciente visita pastoral al país caribeño.

Benedicto XVI agradeció al Gobierno y pueblo de Cuba por la cálida acogida y las muestras de cariño ofrecidas durante su reciente visita pastoral al país caribeño.

 

"El Pontífice le renueva su sentida gratitud a él (presidente Raúl Castro), a las autoridades civiles, los pastores y fieles de Cuba, por las innumerables muestras de afecto que recibió", indicó en un telegrama enviado en su viaje de regreso a Italia y divulgado por Radio Vaticano.

En otra misiva, el Papa destacó también la amplia participación de los ciudadanos cubanos y mexicanos durante su estancia en ambos países, del 23 al 28 de marzo.

"Al regreso del viaje apostólico en México y Cuba he podido encontrar numerosos fieles y representantes de esas queridas poblaciones, he admirado la fe y el deseo de crecimiento espiritual y social," aseguró el Sumo Pontífice.

Benedicto XVI concluyó la víspera una visita de tres días en la nación antillana, donde dialogó con las autoridades gubernamentales y religiosas, y realizó dos misas en las ciudades de Santiago de Cuba y La Habana.

Antes de regresar a Roma, el Papa criticó el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba desde hace más de medio siglo y consideró que esa medida "pesa negativamente sobre la población."

El Sumo Pontífice llegó a la isla procedente de México en su viaje apostólico número 23, el segundo a Latinoamérica después del realizado en 2007 a Brasil.Agradece el Papa oportunidad de visitar Cuba

Por Prensa Latina Miércoles 28 de Marzo de 2012 19:24

 

Benedicto XVI: Medidas económicas impuestas desde fuera pesan negativamente sobre Cuba

 

 

Agradezco al Señor Presidente y a las demás Autoridades del País el interés y la generosa colaboración dispensada para el buen desarrollo de este viaje. Vaya también mi viva gratitud a los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, que no han escatimado esfuerzos ni sacrificios para este mismo fin, y a cuantos han contribuido a él de diversas maneras, en particular con la plegaria.

¡Hasta siempre, Cuba!: Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos los cubanos

Discurso de despedida en Cuba de Su Santidad Benedicto XVI

 

Señor Presidente,

Señores Cardenales y queridos Hermanos en el Episcopado,

Excelentísimas Autoridades,

Señoras y Señores,

Amigos todos,

Doy gracias a Dios, que me ha permitido visitar esta hermosa Isla, que tan profunda huella dejó en el corazón de mi amado Predecesor, el Beato Juan Pablo II, cuando estuvo en estas tierras como mensajero de la verdad y la esperanza. También yo he deseado ardientemente venir entre ustedes como peregrino de la caridad, para agradecer a la Virgen María la presencia de su venerada imagen en el Santuario del Cobre, desde donde acompaña el camino de la Iglesia en esta Nación e infunde ánimo a todos los cubanos para que, de la mano de Cristo, descubran el genuino sentido de los afanes y anhelos que anidan en el corazón humano y alcancen la fuerza necesaria para construir una sociedad solidaria, en la que nadie se sienta excluido. «Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte - Él vive - y la fe en Él penetra como una pequeña luz todo lo que es oscuridad y amenaza» (Vigilia de oración con los jóvenes. Feria de Friburgo de Brisgovia, 24 septiembre 2011).

Agradezco al Señor Presidente y a las demás Autoridades del País el interés y la generosa colaboración dispensada para el buen desarrollo de este viaje. Vaya también mi viva gratitud a los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, que no han escatimado esfuerzos ni sacrificios para este mismo fin, y a cuantos han contribuido a él de diversas maneras, en particular con la plegaria.

Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad y haciéndome partícipe de sus más hondas y justas aspiraciones.

Vine aquí como testigo de Jesucristo, convencido de que, donde él llega, el desaliento deja paso a la esperanza, la bondad despeja incertidumbres y una fuerza vigorosa abre el horizonte a inusitadas y beneficiosas perspectivas. En su nombre, y como Sucesor del apóstol Pedro, he querido recordar su mensaje de salvación, que fortalezca el entusiasmo y solicitud de los Obispos cubanos, así como de sus presbíteros, de los religiosos y de quienes se preparan con ilusión al ministerio sacerdotal y la vida consagrada. Que sirva también de nuevo impulso a cuantos cooperan con constancia y abnegación en la tarea de la evangelización, especialmente a los fieles laicos, para que, intensificando su entrega a Dios en medio de sus hogares y trabajos, no se cansen de ofrecer responsablemente su aportación al bien y al progreso integral de la patria.

El camino que Cristo propone a la humanidad, y a cada persona y pueblo en particular, en nada la coarta, antes bien es el factor primero y principal para su auténtico desarrollo. Que la luz del Señor, que ha brillado con fulgor en estos días, no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana, sus valores más nobles, sobre los que es posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada. Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población.

Concluyo aquí mi peregrinación, pero continuaré rezando fervientemente para que ustedes sigan adelante y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad. El respeto y cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria.

La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración. Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.

Cuba, reaviva en ti la fe de tus mayores, saca de ella la fuerza para edificar un porvenir mejor, confía en las promesas del Señor, abre tu corazón a su evangelio para renovar auténticamente la vida personal y social.

A la vez que les digo mi emocionado adiós, pido a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan.

¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos. Muchas gracias.

 

 

Raúl despide a Benedicto XVI: "Le expreso en nombre de Cuba nuestra profunda gratitud y aprecio"

Raúl despide a Benedicto XVI: En sus palabras, Raúl afirmó que la estancia del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica transcurrió en un ambiente de mutua comprensión. Su encuentro con los cubanos –señaló- le ha dado la oportunidad de conocernos mejor y constatar la justeza de nuestros propósitos.

Raúl Castro: A Su Santidad nuestra profunda gratitud y aprecio (Texto del Discurso)

"Por su decisión de visitarnos, por sus afectuosos sentimientos hacia los cubanos, que siempre recordaremos, le expreso, en nombre de Cuba y en el mío propio, nuestra profunda gratitud y aprecio", expresó el General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, al despedir en La Habana a Su Santidad Benedicto XVI, quien finalizó una visita apostólica de tres días a la Isla.

En sus palabras, afirmó además que la estancia del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica transcurrió en un ambiente de mutua comprensión. Su encuentro con los cubanos –señaló- le ha dado la oportunidad de conocernos mejor y constatar la justeza de nuestros propósitos.

"Cuba ha tenido como su principal objetivo la dignidad plena del ser humano. Somos conscientes de que ésta no solo se construye sobre bases materiales, sino también sobre valores espirituales como la generosidad, la solidaridad, el sentimiento de justicia, el altruismo, el respeto mutuo, la honradez y el apego a la verdad", destacó Raúl.

Por su parte, el Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, quien antes de arribar al aeropuerto José Martí había recibido en su trayecto un sincero saludo del pueblo habanero, mostró su satisfacción por el viaje del que "Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad...".

El Peregrino de la Caridad agradeció también en nombre de la Santa Sede el interés y la generosa colaboración dispensada por las autoridades y el presidente cubano Raúl Castro para el buen desarrollo de este viaje, y al igual que su predecesor Juan Pablo II aludió la política de bloqueo impuesta por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, la cual definió como "medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país que pesan negativamente sobre la población".

Llamó a la unidad, al diálogo paciente y sincero, a la comprensión recíproca. La hora presente reclama – afirmó Su Santidad – una convivencia humana nacional e internacional que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.

El Papa Benedicto XVI se despidió de esta nación caribeña dejando un mensaje de amor a todos sus hijos: "¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos".

 

Fuente: Portal de la Radio Cubana