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Ante el cambio climático, ni apocalípticos ni de brazos cruzados

Ante el cambio climático, ni apocalípticos ni de brazos cruzados

 

“Ante la problemática del cambio climático, no debemos asumir posiciones apocalípticas ni de alarma. Corresponde, sobre todo, ser más responsables en el cuidado de la madre naturaleza”. Así declaró a esta emisora el Doctor Guillermo Saura, investigador del Centro Meteorológico Provincial de Villa Clara.

 

 

 

El especialista explicó que el tema ha sido muy abordado en los últimos tiempos, lamentablemente, en muchas ocasiones con visión catastrófica. A propósito, señaló que los impactos del cambio climático se reflejan principalmente en el calentamiento global, “pero será un proceso paulatino, que da cobertura para adaptarnos y mitigar los efectos, con inteligencia y estrategias bien diseñadas”.

 

Saura consideró que nuestro país estudia y hace aportes en la adaptación para estos cambios, y significó que, por ejemplo, en la agricultura, pueden lograrse especies más resistentes a las sequías, las fuertes lluvias y la salinización de los suelos en las zonas costeras.

 

Por otra parte, resaltó que en la generación eléctrica también se trabaja con esquemas descentralizados, menos agresivos al medio ambiente, mientras que se buscan mecanismos para emplear fuentes de energía renovables, lo cual propicia una vida más sana.

 

Al solicitar una recomendación a este especialista ante un asunto tan comentado por estos días, respondió: “siembre un árbol, manténgase informado, enseñe a sus hijos como cuidar el medio ambiente, y sea más responsable con las decisiones que asume en su vida, de manera que su conducta sea más amigable con la naturaleza”, concluyó.

 

 

  

En las elecciones, pensar en las mujeres

En las elecciones, pensar en las mujeres

En estos días en que nos preparamos para el proceso eleccionario, vale la pena retomar algunas ideas del Octavo Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas. Audio

 

El Octavo Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas debatió profundamente un tema que traigo a colación por su actualidad. En estos días en que nos preparamos para el proceso de elección de los candidatos a delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, vale la pena retomar algunas ideas de la magna cita femenina.

 

Allí se hablaba, con fuertes argumentos, de la promoción de las mujeres en los órganos del Poder Popular, desde la base hasta el Parlamento.

 

Si bien se aprecia un incremento de la presencia femenina en estos niveles, todavía es una asignatura pendiente. Permanecen los prejuicios, mentalidades y patrones culturales tradicionales que continúan ubicando al hombre en un sitio primordial en estas responsabilidades.

 

Consulto los datos de nuestra provincia y las cifras coinciden con la media del país. Un 24% de los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, son mujeres, 44 féminas son Presidentas de Consejos Populares, tres están al frente de Gobiernos Municipales en Sagua, Remedios y Caibarién, y 15 son diputadas del órgano supremo del poder del estado.

 

Todavía las cifras son bajas, si tenemos en cuenta que el territorio cuenta con un potencial femenino bien preparado.

 

Baste decir que el 67% de la fuerza técnica villaclareña es femenina, somos un 38% de la fuerza ocupada total, y en el sector estatal civil constituimos casi la mitad de los trabajadores.

 

Las explicaciones pueden ser muchas. Todavía, puertas adentro de los hogares, las compañeras tienen la carga mayor de la responsabilidad de las tareas domésticas y de la crianza de las hijas e hijos.

 

Pero también persiste en las mismas mujeres y en los ciudadanos el falso sentimiento protector de que asumir una responsabilidad gubernamental es otra carga, y que los hombres están mejor preparados y tienen más tiempo para esas tareas.

 

La realidad demuestra que todos esos criterios son falsos.

Asumir cargos es ocupar el lugar que por derecho hemos ganado en más de 50 años de Revolución, donde también nosotras hemos sido protagonistas.

 

En el propio Octavo Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, Raúl dialogaba con las integrantes del Comité Nacional y finalizaba con una idea que quiero compartir con ustedes: “las mujeres han demostrado ser más exigentes, más organizadas, más eficientes. Donde está la mano femenina, todo sale mejor”.

 

 

  

CUIDAR LOS HUMEDALES: RESPONDIENDO AL CAMBIO CLIMATICO

CUIDAR LOS HUMEDALES: RESPONDIENDO AL CAMBIO CLIMATICO

Bajo el lema “Cuidar los humedales, una respuesta al cambio climático”, el planeta trata de llamar la atención este 2 de febrero a un tema que mucho tiene que ver con la propia supervivencia humana: la relación entre estos sistemas naturales y el cambio global.

Organizaciones sociales, grupos de ciudadanos y organismos oficiales aprovechan este día para aumentar la sensibilización acerca de los beneficios que brindan estos ecosistemas únicos.

La fecha se designó en 1971, cuando se efectuó  la Convención sobre los Humedales, en la ciudad iraquí de Ramsar.

Desde entonces, es una ocasión ideal para reflexionar sobre la importancia de estos sitios ecológicos para la sociedad humana.

Pero ¿qué son los humedales?

Una búsqueda en varios sitios de Internet nos aportan otros elementos.

Los humedales son zonas en las que el agua es el principal factor que controla tanto el ambiente como la vida vegetal y animal relacionada con él.

Entre ellos se puede mencionar a los esteros, bañados, lagunas, arroyos, ríos, pantanos, manglares, estuarios, deltas, etc. Pueden ser de aguas saladas, salobres o dulces, temporales o permanentes.

 

Son ecosistemas de una rica diversidad y productividad biológica, que albergan especies animales y vegetales acuáticas y terrestres. También son muy  frágiles y amenazados, actualmente con alto riesgo de deterioro y degradación.

En la actualidad se valoran como una reserva de la biosfera, fuentes de agua, recarga de acuíferos, criaderos naturales de peces y reservorios de diversidad biológica y cultural.

Hoy, cuando sufrimos los impactos del cambio climático, sabemos que los humedales son ecosistemas irremplazables.

Si se logran conservar mejor su integridad, estaremos también mejor preparados para resistir desastres naturales, como las sequías, lluvias intensas  e inundaciones extraordinarias.

Los humedales son protectores naturales, fuentes de alimentos y purificadores de agua, entre otros servicios.

En Cuba hoy se lleva a cabo una importante estrategia para recuperar las cuencas hidrográficas, con proyectos en que participan los habitantes de esas zonas, y también los representantes de organismos e industrias aledaños, junto a la dirección gubernamental.

Se impone, no obstante, continuar trabajando para evitar la contaminación, la introducción de especies, así como la pérdida de hábitats, y en eso todas y todos somos responsables.

Villa Clara cuenta con una de esas zonas ecológicas, que ostenta la categoría de Sitio Ramsar, una categoría internacional que se otorga por la riqueza de la biodiversidad. Se  localiza en Buenavista, al norte del municipio de  Caibarién y abarca la cayería noreste de la provincia e incluye las áreas protegidas de Refugio de Fauna Las Loras, el este de Santa María y el Parque Nacional Los Caimanes. Tiene una extensión que supera las 315 mil hectáreas, de ellas más de 83 mil terrestres y una cifra superior a las 230 mil hectáreas marinas.

Allí se cumple un plan de manejo de la zona, elaborado por cinco años, que incluye el uso adecuado de los recursos naturales, un programa de educación ambiental para los pobladores y decisores, así como la capacitación a todos los implicados en la preservación de este recurso.

Reforestar, restablecer el régimen hídrico, mantener ese entorno natural, como una casa grande que nos garantiza la vida, será indispensable, y un llamado en este día en que nos convoca una idea: cuidar los humedales es una respuesta al cambio climático.

 

 

Martí: el servicio a la Patria

Martí: el servicio a la Patria

“Patria es humanidad”. La frase de nuestro Héroe Nacional José Martí regresa este 28 de enero como una idea que nos guía hoy y siempre a los hijos de esta isla.

Él, considerado en el transcurso del tiempo como el más universal de los cubanos, nos enseñó que la Patria es algo más que un sentimiento nacionalista.

Es aquello que nos obliga a pensar en el ser humano como un hermano, y que nos conmina, además a odiar al enemigo que nos oprime y ataca, como plasmaba en la obra Abdala, escrita en plena juventud.

No por casualidad la palabra Patria fue escogida por el Apóstol para nombrar al periódico que fundó con el objetivo de “juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad”, y para emprender la guerra necesaria “para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan los Estados Unidos, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

Quien vivió fuera de la isla tantos años,  supo muy bien qué se siente cuando se piensa en ella desde lejos, con nostalgia.

“Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”, escribía en uno de sus artículos.

Es un legado que hoy enarbolamos quienes sabemos que estar bien unidos garantizar la soberanía de un pueblo.

A 157 años de su natalicio, Martí nos conduce a la victoria, nos muestra el camino, nos dice de qué lado está el deber y no de cuál se vive mejor.

Concluyo con una máxima que será luz para las generaciones venideras y un axioma para quienes edificamos hoy un destino hermoso para la isla: “La Patria necesita de sacrificio, es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se le toma para servirse de ella”.

Invocación a Haití

Invocación a Haití

Dalia Reyes Perera

 

“Nunca en mi vida imaginé ver algo así, el dolor es inmenso…ni el peor de los ejemplos alcanzó para atrapar la definición exacta de este pedazo de tierra, vapuleada una y otra vez. El Haití que hoy descubren mis ojos duele, encoleriza, entristece…”

La descripción de una colega del periódico Granma, enviada especial a Haití,  martilla los sentimientos de quienes en cualquier lugar del planeta soñamos con un mundo mejor, con la solidaridad humana, con la fe en las nobles causas.

Lacera  hasta lo infinito ver las imágenes televisivas, los niños heridos, los muertos en cualquier parte, los mutilados, las intervenciones quirúrgicas en campaña, la desesperación en cada rostro, el hambre, la sed, el llanto, la lucha por la sobrevivencia en medio del terror.

Y también conmueven los reportes de los periodistas cubanos, también impactados y las lágrimas de una doctora cubana que salva vidas y llora porque no puede decir más ante las cámaras de los reporteros.

Reviso las páginas de la historia y descubro el ayer de una isla que fue rica, y que lo perdió todo por el saqueo imperial de siglos.

Allí se protagonizó, en los albores del siglo XIX una de las revoluciones más grandes del mundo. Una historia prácticamente olvidada. 

En 1697, por el Tratado de Ryswick, España cedió a Francia la tercera parte de la isla. Los franceses la llamaron Saint-Domingue; y a través del tiempo se transformó en la colonia más próspera que tuvo Francia, gracias a la mano de obra esclava.

En 1791, en un lugar conocido como Bois-Caïman en el norte de Saint-Domingue, esclavos reunidos bajo la dirección de un sacerdote vodú, llamado Boukman, juraron durante una ceremonia vivir libres o morir. Una semana más tarde se desató la rebelión de los esclavos, lo cual condujo, luego de 12 años de luchas, a la Independencia.

Se forja así  la revolución haitiana, precursora de la abolición de la esclavitud en la América y de las gestas independentistas en el continente.

En 1801 Toussaint Louverture,  un esclavo considerado como el padre de la Independencia,  hizo promulgar una Constitución que prácticamente significó el establecimiento de la autonomía de la colonia. Luego de luchar contra las fuerzas enviadas por Napoleón Bonaparte, Louverture fue apresado y deportado a Francia, donde  murió  en 1803. Pero la lucha no se detuvo.

Antes de partir como prisionero dijo estas palabras proféticas: "Al ponerme bajo arresto en Saint-Domingue ustedes lo único que hicieron, fue cortar el tronco del árbol de la libertad de los negros, éste volverá a crecer porque tiene raíces profundas y numerosas".

Jean-Jacques Dessalines asumió posteriormente el mando de todas las tropas revolucionarias. Creó la bandera, condujo a los esclavos a la victoria, y proclamó la independencia. Restableció el nombre indígena de Haití, que significa Tierra montañosa.

Nacía así la primera República Independiente en América Latina.

Hoy, cuando los haitianos se debaten entre la vida o la muerte, cuando el dolor embarga hasta lo que no pueden describir ni las palabras ni las imágenes, cuando se nos aprieta el corazón al ver la desesperación de ese pueblo hermano, valdrá la pena pensar en cuanto podemos hacer para aliviar en algo el sufrimiento.

Con Haití, Latinoamérica, el Caribe y todo el mundo tienen una gran deuda. Haití ha sido la olvidada de siglos.

Haití tiene que estar hoy en la mente de quienes poblamos este planeta.

Este desastre natural que nos consterna debe servir al menos, para indicar que las organizaciones internacionales existen para un objetivo concreto. Para demostrarnos que en este pequeño punto del universo ningún ser humano está solo. Y sobre todo, para que las palabras amor, amistad y fraternidad reinen definitivamente.

¿Dónde están los verdaderos terroristas?

¿Dónde están los verdaderos terroristas?

La renovada acusación de la Administración norteamericana contra la isla de incluir a Cuba en la lista de los países patrocinadores del terrorismo en el mundo vuelve a indignar a las personas de bien del mundo.

 

Quienes conocen la realidad cubana conocen muy bien que esa farsa está cargada de injusticia y de odio contra una isla que hoy se erige como paladín de las causas más nobles, y de una ética humanista poco practicada en un mundo unipolar donde priman la avaricia y la desesperanza.

 

“Cuba lleva a otras tierras mensajeros de la salud y la educación”, me dijo una joven estudiante de la Escuela Secundaria Básica “fe del Valle”, y recuerdo que el nombre de ese centro educacional santaclareño, en el centro de la Mayor de las Antillas rinde tributo a la memoria de una trabajadora que falleció a causa de un acto terrorista perpetrado en los primeros años de la Revolución en un centro comercial de la Ciudad de la Habana, llamado “El Encanto”.

 

Fe del valle murió víctima de las llamas de un incendio ocasionado premeditadamente en esa tienda de la capital del país.

 

Fue una de las tantas acciones criminales que ha sufrido este pueblo a lo largo de más de cinco décadas, sólo por defender su soberanía y libertad.

 

Busco en mis archivos sonoros y el dolor retorna como un testimonio revelador de quienes aún, con lágrimas en los ojos, nos recuerdan quiénes son los verdaderos terroristas.

 

Hace exactamente tres años, en la Ciudad de Holguín, entrevisté a Giustino Di Celmo, padre de Fabio, el joven turista italiano quien perdió la vida en el Hotel habanero Copacabana, a causa de un artefacto explosivo colocado en ese centro, otra acción terrorista alentada desde los Estados Unidos.

 

Cuando a Cuba se le acusa de alentar estos actos criminales y violentos, reviso grabaciones que guardo como verdaderos testimonios del odio y el desamor.

 

No puedo dejar de estremecerme cuando escucho el llanto de un grupo de familiares de las víctimas de Barbados,  asesinados en plena flor de la vida en un sabotaje perpetrado a un avión civil cubano en el año 1976 , y donde perdieron la vida 73 personas civiles, inocentes.

 

“Nuestra vida nunca f ue igual”. “No pude tener a mi padre el día de mi boda, ni cuando nacieron mis hijas, no lo he tenido en los momentos más importantes de mi vida”, “Mi abuelo falleció porque no pudo soportar tanto dolor”, escucho a otra de las hijas de los muertos.

 

 “Yo cargué el ataúd, pero sabía que los restos de mi padre estaban en el fondo del mar”, dice otro de los descendientes de una de las víctimas de Barbados.

 

“En mi imaginación lo veo en una isla, porque no puedo imaginarlo muerto”. Expresa otra de las familiares, quien añade “Dios mío, lloro cada día cuando cierro los ojos y visualizo lo que pasaron esos minutos en que sabía que iban a morir”.

 

Los familiares de tantas víctimas cubanas de actos terroristas todavía esperan justicia. Los criminales, como Luis Posada Carriles y orlando Boch andan libres por las calles de Miami y cínicamente se vanaglorian de lo que hicieron.

 

No han sido condenados. Luego de escuchar tantos testimonios, y de leer en la prensa la nota del MINREX,  retorna una pregunta: ¿Dónde están los verdaderos terroristas?

En el ALBA cristalizan los sueños de Bolívar

En el ALBA cristalizan los sueños de Bolívar

"Yo deseo, más que otro alguno, ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria".

 

Las palabras del Libertador Simón Bolívar, los sueños de una gran Colombia independiente, unida, con las manos tendidas, repartiendo amor entre los que pueblan estas tierras del Sur , se escuchan nuevamente por estos días, cuando Cuba se convierte en la capital de la solidaridad latinoamericana en la Octava Cumbre del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

 

(…)¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella:de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño (…)

 

Así advertía el Apóstol cubano José Martí, en un discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana el 28 de octubre de 1893, y publicado en Patria, Nueva York, el 4 de noviembre de ese mismo año.

Desde hace un lustro, cuando por una idea bolivariana de Hugo Chávez y Fidel Castro, nacía el nuevo proyecto de integración de la América, las ansias del Libertador comenzaban a cristalizar en un continente dividido y cargado de siglos de sufrimiento, pobreza, humillación y entreguismo a las codicias imperiales, que no cesan de saquear sus riquezas y hacer sangrar sus venas abiertas, a decir del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Con el ALBA, una nueva realidad se hace evidente: la hermandad entre los pueblos puede ser cierta.

Hasta el momento nueve naciones se han adherido a este mecanismo integrador: Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Honduras, Ecuador, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda. Las relaciones están marcadas por el espíritu de ayuda, cooperación y respeto mutuos.

Basta mencionar los proyectos de salud, educación, cultura, energía, agricultura, comercio, alimentación, telecomunicaciones, minería, industria y finanzas.

Satisface apreciar la sonrisa de agradecimiento de los más pobres, quienes fueron olvidados hasta ahora, y que hoy pueden ver gracias a la Operación Milagro, o que aprendieron a leer por el Método Yo sí puedo, o que son tratados como personas, y atendidos por quienes emprenden misiones tan humanas como Manuela Espejo o Moto Méndez, en Ecuador y Bolivia.

Reconforta escuchar a cualquier médico graduado en la Escuela Latinoamericana de Medicina, radicada en Cuba, y oírle expresar que aquí aprendió a convertirse en un mejor ser humano.

Un joven argentino contaba a esta reportera hace sólo unos días que en Buenos Aires, galenos de esa nación que se formaron en nuestra isla, emprenden una misión llamada Tatú, el nombre guerrillero del Che Guevara cuando partió hacia la República Popular del Congo, para luchar por la felicidad de los hijos e hijas de esa nación africana.

Los jóvenes de la nación austral  van a los barrios más pobres en una encomienda matizada por el altruismo, para ayudar a los más desposeídos, sin interés económico alguno. Los incita el deseo de ser útiles a quienes más los necesitan. Y eso también lo aprendieron con los programas del ALBA, con las enseñanzas del Che, de Bolívar y de José Martí.

 Aquí, en Santa Clara, en el año 2007, cuando rindió tributo al Guerrillero de América, Chávez reafirmaba que “somos hijos de Bolívar, del Che, de Fidel”

La idea la repitió una y otra vez en su Programa Aló Presidente transmitido aquel domingo 14 de octubre, para recordarnos que los grandes hombres caminan por estas tierras, conminándonos a no olvidar la enseñanza del Héroe Nacional cubano de que debemos andar unidos como la plata en las raíces de los Andes

 

“Solo la unión nos hará fuertes (…) hay que salvar la humanidad (…) expresaba el mandatario venezolano ese día, que quedará como una de las páginas más hermosas de la historia del centro de la isla en los últimos años.

 

 (…)Su ardor fue el de nuestra redención, su lenguaje fue el de nuestra naturaleza, su cúspide fue la de nuestro continente (…).

Martí describía de esa manera la hazaña del caraqueño que protagonizó las primeras luchas libertarias de esta América nuestra.

De redención también se trata cuando empezamos a hablar con voz propia, cuando un presidente indio propone la transformación de su país, o cuando un mandatario venezolano, de estirpe bolivariana, no calla ante el vecino mayor que nos desprecia.

Hoy, en un mundo cada vez más complejo, cuando la globalización, las brutales leyes del mercado gobiernan en este planeta, el ALBA se vislumbra como la esperanza de un mundo mejor.

 

 

Un mundo donde reinen la equidad, la hermandad entre los pueblos, donde no existan odios, ni razas, ni ricos ni pobres. Un mundo donde se hable de integración, y no de rupturas.

Tal y como escribió Martí:

 

 “¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!”.

 

Que sea, entonces, el ALBA, el primer paso, el primer camino que desanden nuestros pueblos para hacer cristalizar los sueños de aquel que empuñó su espada para crear una gran nación: esta América nuestra.

 

 

En el ALBA cristalizan los sueños de Bolívar

Dalia Reyes Perera

 

"Yo deseo, más que otro alguno, ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria".

 

Las palabras del Libertador Simón Bolívar, los sueños de una gran Colombia independiente, unida, con las manos tendidas, repartiendo amor entre los que pueblan estas tierras del Sur , se escuchan nuevamente por estos días, cuando Cuba se convierte en la capital de la solidaridad latinoamericana en la Octava Cumbre del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

 

(…)¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella:de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño (…)

 

Así advertía el Apóstol cubano José Martí, en un discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana el 28 de octubre de 1893, y publicado en Patria, Nueva York, el 4 de noviembre de ese mismo año.

Desde hace un lustro, cuando por una idea bolivariana de Hugo Chávez y Fidel Castro, nacía el nuevo proyecto de integración de la América, las ansias del Libertador comenzaban a cristalizar en un continente dividido y cargado de siglos de sufrimiento, pobreza, humillación y entreguismo a las codicias imperiales, que no cesan de saquear sus riquezas y hacer sangrar sus venas abiertas, a decir del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Con el ALBA, una nueva realidad se hace evidente: la hermandad entre los pueblos puede ser cierta.

Hasta el momento nueve naciones se han adherido a este mecanismo integrador: Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Honduras, Ecuador, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda. Las relaciones están marcadas por el espíritu de ayuda, cooperación y respeto mutuos.

Basta mencionar los proyectos de salud, educación, cultura, energía, agricultura, comercio, alimentación, telecomunicaciones, minería, industria y finanzas.

Satisface apreciar la sonrisa de agradecimiento de los más pobres, quienes fueron olvidados hasta ahora, y que hoy pueden ver gracias a la Operación Milagro, o que aprendieron a leer por el Método Yo sí puedo, o que son tratados como personas, y atendidos por quienes emprenden misiones tan humanas como Manuela Espejo o Moto Méndez, en Ecuador y Bolivia.

Reconforta escuchar a cualquier médico graduado en la Escuela Latinoamericana de Medicina, radicada en Cuba, y oírle expresar que aquí aprendió a convertirse en un mejor ser humano.

Un joven argentino contaba a esta reportera hace sólo unos días que en Buenos Aires, galenos de esa nación que se formaron en nuestra isla, emprenden una misión llamada Tatú, el nombre guerrillero del Che Guevara cuando partió hacia la República Popular del Congo, para luchar por la felicidad de los hijos e hijas de esa nación africana.

Los jóvenes de la nación austral  van a los barrios más pobres en una encomienda matizada por el altruismo, para ayudar a los más desposeídos, sin interés económico alguno. Los incita el deseo de ser útiles a quienes más los necesitan. Y eso también lo aprendieron con los programas del ALBA, con las enseñanzas del Che, de Bolívar y de José Martí.

 Aquí, en Santa Clara, en el año 2007, cuando rindió tributo al Guerrillero de América, Chávez reafirmaba que “somos hijos de Bolívar, del Che, de Fidel”

La idea la repitió una y otra vez en su Programa Aló Presidente transmitido aquel domingo 14 de octubre, para recordarnos que los grandes hombres caminan por estas tierras, conminándonos a no olvidar la enseñanza del Héroe Nacional cubano de que debemos andar unidos como la plata en las raíces de los Andes

 

“Solo la unión nos hará fuertes (…) hay que salvar la humanidad (…) expresaba el mandatario venezolano ese día, que quedará como una de las páginas más hermosas de la historia del centro de la isla en los últimos años.

 

 (…)Su ardor fue el de nuestra redención, su lenguaje fue el de nuestra naturaleza, su cúspide fue la de nuestro continente (…).

Martí describía de esa manera la hazaña del caraqueño que protagonizó las primeras luchas libertarias de esta América nuestra.

De redención también se trata cuando empezamos a hablar con voz propia, cuando un presidente indio propone la transformación de su país, o cuando un mandatario venezolano, de estirpe bolivariana, no calla ante el vecino mayor que nos desprecia.

Hoy, en un mundo cada vez más complejo, cuando la globalización, las brutales leyes del mercado gobiernan en este planeta, el ALBA se vislumbra como la esperanza de un mundo mejor.

 

 

Un mundo donde reinen la equidad, la hermandad entre los pueblos, donde no existan odios, ni razas, ni ricos ni pobres. Un mundo donde se hable de integración, y no de rupturas.

Tal y como escribió Martí:

 

 “¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!”.

 

Que sea, entonces, el ALBA, el primer paso, el primer camino que desanden nuestros pueblos para hacer cristalizar los sueños de aquel que empuñó su espada para crear una gran nación: esta América nuestra.

 

 

En el ALBA cristalizan los sueños de Bolívar

Dalia Reyes Perera

 

"Yo deseo, más que otro alguno, ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria".

 

Las palabras del Libertador Simón Bolívar, los sueños de una gran Colombia independiente, unida, con las manos tendidas, repartiendo amor entre los que pueblan estas tierras del Sur , se escuchan nuevamente por estos días, cuando Cuba se convierte en la capital de la solidaridad latinoamericana en la Octava Cumbre del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

 

(…)¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella:de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño (…)

 

Así advertía el Apóstol cubano José Martí, en un discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana el 28 de octubre de 1893, y publicado en Patria, Nueva York, el 4 de noviembre de ese mismo año.

Desde hace un lustro, cuando por una idea bolivariana de Hugo Chávez y Fidel Castro, nacía el nuevo proyecto de integración de la América, las ansias del Libertador comenzaban a cristalizar en un continente dividido y cargado de siglos de sufrimiento, pobreza, humillación y entreguismo a las codicias imperiales, que no cesan de saquear sus riquezas y hacer sangrar sus venas abiertas, a decir del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Con el ALBA, una nueva realidad se hace evidente: la hermandad entre los pueblos puede ser cierta.

Hasta el momento nueve naciones se han adherido a este mecanismo integrador: Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Honduras, Ecuador, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda. Las relaciones están marcadas por el espíritu de ayuda, cooperación y respeto mutuos.

Basta mencionar los proyectos de salud, educación, cultura, energía, agricultura, comercio, alimentación, telecomunicaciones, minería, industria y finanzas.

Satisface apreciar la sonrisa de agradecimiento de los más pobres, quienes fueron olvidados hasta ahora, y que hoy pueden ver gracias a la Operación Milagro, o que aprendieron a leer por el Método Yo sí puedo, o que son tratados como personas, y atendidos por quienes emprenden misiones tan humanas como Manuela Espejo o Moto Méndez, en Ecuador y Bolivia.

Reconforta escuchar a cualquier médico graduado en la Escuela Latinoamericana de Medicina, radicada en Cuba, y oírle expresar que aquí aprendió a convertirse en un mejor ser humano.

Un joven argentino contaba a esta reportera hace sólo unos días que en Buenos Aires, galenos de esa nación que se formaron en nuestra isla, emprenden una misión llamada Tatú, el nombre guerrillero del Che Guevara cuando partió hacia la República Popular del Congo, para luchar por la felicidad de los hijos e hijas de esa nación africana.

Los jóvenes de la nación austral  van a los barrios más pobres en una encomienda matizada por el altruismo, para ayudar a los más desposeídos, sin interés económico alguno. Los incita el deseo de ser útiles a quienes más los necesitan. Y eso también lo aprendieron con los programas del ALBA, con las enseñanzas del Che, de Bolívar y de José Martí.

 Aquí, en Santa Clara, en el año 2007, cuando rindió tributo al Guerrillero de América, Chávez reafirmaba que “somos hijos de Bolívar, del Che, de Fidel”

La idea la repitió una y otra vez en su Programa Aló Presidente transmitido aquel domingo 14 de octubre, para recordarnos que los grandes hombres caminan por estas tierras, conminándonos a no olvidar la enseñanza del Héroe Nacional cubano de que debemos andar unidos como la plata en las raíces de los Andes

 

“Solo la unión nos hará fuertes (…) hay que salvar la humanidad (…) expresaba el mandatario venezolano ese día, que quedará como una de las páginas más hermosas de la historia del centro de la isla en los últimos años.

 

 (…)Su ardor fue el de nuestra redención, su lenguaje fue el de nuestra naturaleza, su cúspide fue la de nuestro continente (…).

Martí describía de esa manera la hazaña del caraqueño que protagonizó las primeras luchas libertarias de esta América nuestra.

De redención también se trata cuando empezamos a hablar con voz propia, cuando un presidente indio propone la transformación de su país, o cuando un mandatario venezolano, de estirpe bolivariana, no calla ante el vecino mayor que nos desprecia.

Hoy, en un mundo cada vez más complejo, cuando la globalización, las brutales leyes del mercado gobiernan en este planeta, el ALBA se vislumbra como la esperanza de un mundo mejor.

 

 

Un mundo donde reinen la equidad, la hermandad entre los pueblos, donde no existan odios, ni razas, ni ricos ni pobres. Un mundo donde se hable de integración, y no de rupturas.

Tal y como escribió Martí:

 

 “¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!”.

 

Que sea, entonces, el ALBA, el primer paso, el primer camino que desanden nuestros pueblos para hacer cristalizar los sueños de aquel que empuñó su espada para crear una gran nación: esta América nuestra.

 

Salvar a la madre tierra: otro desafío para el año que comienza

Salvar a la madre tierra: otro desafío para el año que comienza

“La tierra o el planeta tierra, o la Madre Tierra o la naturaleza existen y existirán sin el ser humano, pero el ser humano no puede vivir sin el planeta tierra. Y por tanto, es nuestra obligación defender el derecho de la Madre Tierra”

Releo estas palabras del presidente boliviano Evo Morales, pronunciadas en la fracasada Cumbre de Copenhague, realizada a inicios de este mes de diciembre.  Y es que, de los mayores desafíos que este año 2009 dejó entre los que poblamos este mundo es salvar, sin dudas, esta casa grande donde vivimos, para existir y perdurar.

“La madre es algo sagrado, la madre es nuestra vida. A la madre no se alquila, no se vende ni se viola, hay que respetarla. La Madre Tierra es nuestro hogar”, decía Evo, con esa sabiduría antiquísima de las culturas ancestrales, que encontraban en la tierra la semilla de la vida.

El cambio climático es, sin duda, el problema ambiental más devastador del presente siglo: inundaciones, sequías, tormentas severas, huracanes, deshielos, ascenso del nivel del mar, olas de calor, tsunamis y terremotos nos advierten de que algo tenemos que hacer.

Hugo Chávez, el mandatario venezolano hablaba en la Cumbre de cambio climático celebrada en Dinamarca, con la voz de los que no tienen voces, y ofrecía datos alarmantes: “el 60% de los ecosistemas del planeta están dañados, el 20% de la corteza terrestre está degradada. Hemos sido testigos impasibles de la deforestación, la conversión de tierras, la desertificación, las alteraciones de los sistemas de agua dulce, la sobreexplotación de los recursos marinos, la contaminación y la pérdida de la diversidad biológica. La utilización exacerbada de la tierra sobrepasa en un 30% la capacidad para regenerarla. El planeta está perdiendo la capacidad para autorregularse, eso lo está perdiendo el planeta; cada día se liberan más desechos de los que pueden ser procesados. La supervivencia de nuestra especie martilla en la conciencia de la humanidad”.

Releo estas palabras, y la advertencia de Fidel de que “una especie está en peligro de extinción: el hombre”, y me pregunto cuánto podemos hacer este año que comienza, para aportar desde cada espacio, a la salvación del entorno donde vivimos, o a decir de Evo, de nuestra madre tierra.

Los cubanos, testigos de la fuerza devastadora de la naturaleza, sabemos que aún nos queda un inmenso caudal para salvar el entorno.

Sembrar un árbol, no arrojar desechos a ríos y mares, reciclar, proteger a los animales, utilizar métodos de pesca menos agresivos, realizar inversiones en las industrias para que las producciones sean más limpias, sustituir las sustancias agotadoras de la capa de ozono,  proteger las costas con iniciativas comunitarias, buscar fuentes alternativas de energía, desarrollar métodos más eficaces para que el dióxido de carbono y el ruido no nos dañen, emplear abonos orgánicos y fomentar la agroecología, enseñar a nuestros niños y jóvenes que la naturaleza es el hogar donde todos debemos convivir en armonía, y así, pensar en el mañana.

Son desafíos para un año que comienza, un año que nos convoca a establecer un nuevo compromiso: ser amigos de un medio donde nacemos, crecemos y nos desarrollamos, y donde deberán existir las generaciones futuras.

 Quiero concluir con una idea de Chávez, que es un canto para todas y todos, amén de las ideas políticas que se profesen, el  credo, la religión, o el sexo, o la porción de este planeta donde nos ha tocado vivir.

“…seamos capaces de hacer de esta Tierra no la tumba de la humanidad, hagamos de esta Tierra un cielo, un cielo de vida, de paz y de hermandad para toda la humanidad, para la especie humana”.