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Cinco héroes y solidaridad

René González: los 56 años de un Héroe

René González: los 56 años de un Héroe

René González cumple 56 años este 13 de agosto. En libertad supervisada, permanece en Estados Unidos,  donde ha recibido amenazas de peligro para su vida por los mismos que alientan el terrorismo y la muerte.

Trece años permaneció tras las rejas, con la frente alta y una sonrisa que devela la bondad y ternura del gran ser humano que es, donde no hay cabida para el odio ni el resentimiento.

René no podrá recibir este día el beso de su hija Ivette, convertida ya en una jovencita a punto de cumplir 15 años. Tampoco el Héroe podrá abrazar a Irmita,  embarazada, su otra hija que le regalará el primer nieto en unos meses.

René González en sus 56 años tampoco podrá dar el cariño que tanto necesitan sus sobrinos René y Roberto, los hijos de su hermano Roberto –quien se consagró como abogado a la causa hasta su último aliento- recientemente fallecido, víctima de cáncer.

No podrá tener este 13 de agosto el beso de Olga Salanueva, su esposa, la mujer batalladora que se ha convertido en  otra combatiente por la libertad de los cinco. Tampoco podrá dejarse envolver entre los brazos de su madre Irma, la que tanto necesita, más que nunca, tenerlo cerca.

A pesar de todo, el Héroe no puede detenerse y dejar que le venza el dolor y la nostalgia, porque sabe que hoy, en sus 56 años, no está solo.  Millones de personas celebran el onomástico con el deseo del pronto regreso a la Patria del luchador antiterrorista, quien,  junto a sus hermanos de batalla, como él mismo aseveró en su Alegato de Defensa en el 2001,  fueron detenidos y presos por “el crimen de ser dignos”.

René González se mantiene en libertad supervisada y no se le autoriza a regresar a su patria por el odio visceral del enemigo que no perdona su altivez.

A pesar de todo, es bueno saber que este día él está presente en el corazón de su pueblo y de muchas amigas y amigos del orbe, porque quizás la recompensa mayor al sacrificio es el amor de tantas y tantas personas nobles que no descansan ni descansarán hasta que se haga justicia. Por eso, tal vez, este 13 de agosto, vuelva a recordar el Héroe la frase aprendida con Martí: “Se es bueno porque sí; y porque allá adentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien, o se ha dicho algo útil a los demás”.

Pastores por la Paz: siempre bienvenidos a Villa Clara

Pastores por la Paz: siempre bienvenidos a Villa Clara

Con saldos muy positivos y el compromiso de continuar estrechando los lazos de hermandad entre los pueblos cubano y norteamericano, concluyeron su visita a Santa Clara los integrantes de la XXIII Caravana de la Amistad Estados Unidos-Cuba, de Pastores por la Paz.

El colofón de estos días de recorrido por el centro de la isla fue la Audiencia Pública que tuvo lugar en el poblado de Vueltas, del municipio de Camajuaní, donde se profundizó sobre la causa de los cinco, y la actualización del caso.

La actividad fue presidida por Manuel Mota Hernández, Coordinador Provincial de los CDR, e Iris Menéndez, delegada del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, ICAP, en el territorio, y la ocasión devino  acto de reafirmación   revolucionaria, en el cual los pobladores, junto a los caravanistas,  se pronunciaron por continuar desplegando iniciativas y acciones en todas partes del mundo porque se haga justicia y los Héroes puedan regresar a la Patria.

Edelmira Marrero Delgado, al frente del Grupo de los Cinco en Vueltas entregó a Gail Walker, hija del reverendo Lucius Walker,  sendas banderas realizadas por manos cederistas, con el logo de los luchadores antiterroristas, y con la imagen del Che, como recuerdo de este encuentro.

Walker ratificó la voluntad de los Pastores por la Paz de continuar luchando por romper el muro de silencio en torno al caso, además de demandar el cese del bloqueo a la isla.

Noah Fine, joven residente en Vancouver, Canadá, expuso sus experiencias sobre las múltiples muestras de solidaridad e iniciativas que despliegan en su país a favor de Cuba y en demanda de la libertad de los cinco, mientras que Víctor Zenón, de México, explicó los detalles del recorrido de la Caravana por varios países, y donde se van sumando muchas personas de buena voluntad.

En su visita a Villa Clara, los Pastores por la Paz rindieron tributo al Guerrillero Heroico, estuvieron en lugares vinculados a la protección del medio ambiente como los Proyectos Por la costa, de Caibarién , así como Naturarte, y el organopónico La Riviera, de Santa Clara, además de compartir con combatientes, con el colectivo del Hospital Infantil Para una sonrisa, del Hospital Pediátrico José Luis Miranda, y con trabajadores y mujeres de la Tercera Edad que permanecen en el Hogar de Ancianas Número 4 en la capital provincial.

 

UN ENCUENTRO INSPIRADOR

 

Precisamente el encuentro con las ancianas que se encuentran en esa institución estuvo cargado de profundas emociones tanto para el colectivo de trabajadores, las abuelitas, y los integrantes de la Caravana de la Amistad.

“Inspiradora”, fue la palabra que más repitieron los caravanistas al intercambiar en esa institución donde se encuentran 35 mujeres adultas mayores, con una edad promedio superior a los 85 años.

“Siéntanse como en su casa”, dijo Esperanza Sánchez, Directora del asilo, al recibir a los amigos solidarios, y así fluyó el diálogo entre hermanos.

Esperanza profundizó sobre las características del Programa del adulto mayor en Cuba donde se brinda una especial atención a los ancianos.

Juan Vega, de 75 años narró acerca de su vida en ese lugar, donde hay tiempo para realizar labores manuales, bordados, jardinería, y otras obras artesanales con lo cual pasan sus días con más entretenimiento y placer.

Los Pastores por la Paz, entretanto se interesaron en conocer las diferencias del  trato a la ancianidad antes y después de la revolución, y explicaron las grandes diferencias con lo que acontece en Estados Unidos, donde la vejez es prácticamente olvidada.

Louis Wolf  e Ismael Lores, integrantes del grupo solidario agradecieron el intercambio, que los llena de energía y les ofrece nuevas razones para seguir incrementando la solidaridad con la isla.

¡Gracias  a la revolución, a Fidel y a Raúl por lo que hacen por los ancianos!, dijo Wolf, quien pertenece a una asociación que se preocupa por los derechos de la vejez en su nación.

Así, cargado de emociones transcurrió el diálogo fraternal  donde no faltó el canto de Lidia Arteaga López, de 91 años, quien acompañada de todo el grupo entonó las letras de la conocida canción ¡Cuba, qué linda es Cuba!

Pastores por la Paz con amplio programa de actividades en Villa Clara

Pastores por la Paz con amplio programa de actividades en Villa Clara

La XXIII Caravana de la Amistad Estados Unidos-Cuba de Pastores por la Paz llegará este 25 de julio a Villa Clara, provincia donde las amigas y amigos solidarios cumplimentarán un amplio programa de actividades hasta el día 29.

Iris Menéndez, delegada del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos en  el territorio, dijo que el homenaje al Che y el recorrido por sitios históricos vinculados a la  figura del legendario Guerrillero constituirán momentos trascendentales del recorrido.

De igual manera celebrarán en Villa Clara el 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional, junto a estudiantes de otras nacionalidades y combatientes  de la Revolución Cubana.

Este año la caravana está dedicada a la protección del medio ambiente, por lo cual sus integrantes visitarán tres proyectos vinculados a la temática: Naturarte, de Santa Clara, Por la  costa, de Caibarién y el Organopónico La Riviera, en la capital provincial.

Además, se realizará un acto especial dedicado al vigésimo aniversario de las caravanas, el cual tendrá como sede el Hospital Pediátrico “José Luis Miranda”, donde también intercambiarán con niños hospitalizados y los promotores del Proyecto Para una sonrisa en esa institución sanitaria.

Un momento especial resultará la Audiencia Pública en el poblado de Vueltas, del municipio de Camajuaní, ocasión propicia para exigir el cese del bloqueo a Cuba, además de condenar las acciones terroristas contra la isla y demandar la libertad de los cinco héroes presos injustamente en cárceles norteamericanas.

Roberto González: amar y luchar por la vida

Roberto González: amar y luchar por la vida

Quienes alguna vez tuvimos la dicha de compartir con Roberto González, escucharlo en una conferencia, en un diálogo con jóvenes, o entrevistarlo en los pasillos de un evento internacional, sabíamos muy bien cuál era la madera y  la fibra de ese hombre.

Pero el reportaje “Roberto González: amar y luchar por la vida”, audiovisual elaborado por los excelentes realizadores Estela Bravo y Julio Acanda,  nos trajo de vuelta a esa persona capaz de darlo todo, sin pedir nada a cambio, sólo la recompensa de una familia feliz y el regalo, siempre venerado, de dos hijos adolescentes buenos, que seguramente, más allá de los nombres que llevan (también Roberto y René),  sabrán perpetuar en el tiempo las vidas de él y de su hermano.

En el lecho de quien sabe está gravemente enfermo, con las marcas del padecimiento en el rostro, en los ojos cansados e inflamados, y en una voz más agotada, Roberto supo entregarnos la ¿última? lección de su vida.

Habló con vehemencia de su esposa, de cómo educaron a sus retoños, de su madre Irma, fuerte y titánica ante cada prueba que le ha dado el destino, de sus amigas y amigos, quienes le acompañaron en cada página de la historia que él escribió cada día, como cubano bueno de sus tiempos.

Sus compañeras y compañeros nos develaron al joven que estuvo en Angola (algo que jamás confesó por pura modestia, cuando hablaba con tanto orgullo del cumplimiento de misiones internacionalistas por tres de los cinco héroes). Y es que también con el material transmitido por la Televisión Cubana, supimos por primera vez, que ese joven que formó parte- como dijo uno de los entrevistados- de un “contingente de libertadores en Africa”.

Conocimos al universitario inteligente, el “Chévere”, que era capaz de asimilar bien rápido los conocimientos hasta graduarse de Licenciatura en Derecho. Al recién graduado que apostó por irse a una Microbrigada para hacerse merecedor de una vivienda, al que vio a su hermano partir hacia Angola, y luego supo que René, vestido de camuflaje se despedía del sobrino de ¡cuatro meses!, pidiéndole que fuera un hombre de bien.

Roberto, con la falta de aire y la tos que provoca la enfermedad que lo llevó a la muerte, todavía tenía fuerzas suficientes para sonreír, y decirnos que hay que ser buena persona, ayudar sin mirar a quién, continuar ayudando a cualquiera que lo necesite, sin solicitar recompensa ni agradecimientos. Un precepto que enarboló como la mayor divisa de su existencia.

Pero aún más: Roberto, el “brother”, tuvo la genialidad suficiente para explicar ante las cámaras por qué se había involucrado en el proceso de los cinco, y cuánta malsana injusticia había detrás del caso. Imposible calcular cuantas horas , cuantos días y noches debió haber dedicado el joven abogado a estudiar el idioma inglés hasta la perfección y las leyes norteamericanas, para demostrar, desde el propio sistema jurídico, cuantas violaciones se cometieron y se siguen cometiendo contra los luchadores antiterroristas. Y “lo hago por los cinco, pero sobre todo por Gerardo, porque lo que se hace contra Gerardo es cruel, al hacerle pagar dos vidas, cuando el propio Gobierno de los Estados Unidos sabe muy bien que es inocente”, dijo con una huella de dolor de quien sabe que falta mucho en esta batalla para lograr la victoria.

El reportaje termina con una nota de optimismo tan inmensa, que sólo alguien como Roberto González Sehwerert, “el Brother”, el “Chévere”, podía dejarnos: “Quiero ver a René y que él me lleve en bicicleta por la Habana”, dijo.

Y entonces, la imagen de los dos hermanos, así como él pidió, celebrando un cumpleaños, o fuertemente abrazados, nos devuelve la certeza de que la muerte no podrá vencer jamás la lucha por la vida. Porque Roberto, tal y como le pedía René en una de sus últimas cartas, seguirá respirando, a todo pulmón, hasta que la justicia y el Sol de la Libertad iluminen hasta verlos regresar a su Patria, a cinco cubanos, esos cinco hermanos a quienes dedicó hasta su último aliento, su profesión, todo el amor, y lo mejor de su vida.

 

Roberto González: su lucha por la dignidad de Cuba

Roberto González: su lucha por la dignidad de Cuba

Hay noticias que prefieren no escucharse en el instante en que la recibimos. Luego, la amarga realidad y el destino se empeñan en demostrarnos que, aunque nos quiebren y nos golpeen infinitamente, deben asumirse.

Roberto, el hermano de René dijo adiós a la vida, cuando todavía hacía tanta falta en una batalla que no culminará hasta que los cinco regresen a su Patria.

Roberto fue el abogado consagrado que entregó los últimos años a demostrar la justeza de una causa. No lo hacía con autosuficiencia ni con demostraciones de poder por sus amplios conocimientos jurídicos. Ni tan siquiera por los fuertes e indestructibles lazos de sangre que lo ataban a su hermano René.        

Roberto sabía que al demostrar la inocencia de los cinco, también defendía la dignidad de Cuba, y lo enseñaba de la manera más sencilla, con el verbo encendido, una sonrisa en los labios, palabras muy cubanas, y firmeza y ternura en su rostro.

“Las condenas impuestas a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y su hermano René son injustas. Ellos son inocentes. Pero ¿por qué lo decimos? ¿Cómo lo demostramos?” Eran sus primeras preguntas cada vez que dialogaba con un auditorio.

Entonces llegaban sus respuestas de manera diáfana, como ese ejemplo que siempre citaba, al hablar del estado de necesidad que tenía Cuba de defenderse del terrorismo.

Contaba que,  “aunque una persona no está entrenada como bombero, si ve un fuego y alguien corre peligro, había que romper puertas y ventanas de esa vivienda para salvar esa vida”. Así, sencillamente, convencía de la noble misión de  los cinco: salvar a seres humanos.

Tenía un argumento para cada pregunta, porque la razón siempre estaba a flor de piel.

Se dedicó en cuerpo y alma a buscar evidencias, estudiar el caso, nucleó amigos y especialistas de la rama del derecho en el mundo para visibilizar más las irregularidades del proceso. Asistió a los juicios y vistas de re-sentencias de quienes consideraba sus cinco hermanos, y nunca faltó su aliento en los instantes más duros.

El se convirtió en la voz de su pueblo y en el puente que definitivamente nos unió a los luchadores cubanos. Viajó kilómetros y kilómetros para encontrarse en cualquier parte del mundo con amigos de la solidaridad, con cualquiera que quisiera escucharlo.

Fue su lucha por la verdad, porque se hiciera la luz y para mostrar ante el mundo, definitivamente, la inocencia de los Héroes.

Si algo agradeceremos siempre a Roberto González es que no sólo nos enseñó a comprender desde el punto de vista legal las vilezas que se cometieron y siguen cometiéndose contra los cinco.

El nos descubrió a los hombres de carne y hueso, se empeñaba en demostrar que Gerardo, Fernando, Antonio, Ramón y René son hijos de su generación, y repetía una y otra vez que muchos cubanos y cubanas estarían dispuestos a hacer lo que ellos hicieron.

Contaba anécdotas sin cesar: las maldades que junto a René hicieron de niños, del equipo de pelota que preferían, hablaba de los familiares y las conversaciones puertas adentro del hogar, de la resistencia de los cinco, de cómo en los momentos más difíciles no flaquearon. Hablaba del amor que ellos inspiraban, de las madres, de las esposas, de los hijos que llegaron y los que nunca pudieron concebirse por el odio y la maldad de un enemigo que no perdona la altivez.

Quería verlos así, como esos seres que son, provistos de muchos sentimientos. Describía como excelente comunicador que era, las características de cada uno, en fin, logró acercarnos más a quienes parecían inalcanzables en un inicio por su estatura colosal.

Una periodista le preguntó una vez qué haría con su profesión y con su vida cuando terminara la lucha por el regreso de los cinco. Roberto confesó que nunca lo había pensado, pero que seguramente le quedarían fuerzas para luchar por otras causas justas.

Aún tuvo resistencia, dentro de su gravedad, para esperar y darle el último abrazo a René, quien pudo venir a visitarlo en condiciones de libertad condicional. Seguramente el diálogo de hermanos trajo muchos recuerdos y dejó sellados, quizás, compromisos que se establecen y que trascienden la vida o la muerte.

Hoy, cuando no está físicamente, sus palabras y su visión clara del deber, su consagración, su lealtad, serán como un talismán, como una luz que nos indicará el camino para continuar una batalla que él ayudó a incentivar por el regreso de los cinco, que es decir- y él lo sabía muy bien- por la dignidad y el honor de Cuba.

Ramón Labañino Salazar: los 49 años de un militar del silencio

Ramón Labañino Salazar: los 49 años de un militar del silencio

Ramón Labañino Salazar celebra este 9 de junio sus 49 años, con la certeza de que un día la justicia podrá hacerse realidad. Cada día este gigante de cuerpo y de alma enfrenta el dolor y la nostalgia de su patria, de sus seres queridos, de su pueblo, de la querida isla que lo vio nacer.

Ramón afronta el sufrimiento de una separación  injusta. Aunque permanece hace casi 14 años tras las rejas, este tiempo en prisión, confiesa, lo ha convertido en mejor ser humano, porque conoce de la solidaridad, del amor entre los seres humanos, de la reciprocidad de la ternura.

Está a punto de llegar a las cinco décadas de vida, y ya las marcas del tiempo estén en su físico, pero Ramón sigue siendo joven de ideas, de espíritu y es capaz de ofrecer afecto hasta en las condiciones más extremas que el destino le ha impuesto.

Considera que fue un niño y un joven feliz. Se hizo economista, graduado con Diploma de Oro. Su madre, Nereyda Salazar, ya fallecida, quería que él fuera médico, o añoraba quizás, verlo vestido de militar.

“Nunca pude decirle a mi mamá, que desde muy temprana edad yo estaba cumpliendo también sus sueños: «yo era militar del silencio», sin el uniforme cotidiano, de esos que por menesteres de misiones importantes, deben guardar a buen recaudo su identidad para cumplir con las tareas de la patria”.

Ha confesado que lo marcó para siempre el atentado al avión de Barbados, hecho que lo comprometió, como expresara, “a servir en bien de evitar tales atrocidades, y darle un poco de seguridad y tranquilidad a nuestros pueblos y tantos seres humanos en el planeta”.

Ama el deporte, y prefiere en la literatura a José Martí y a Gabriel García Márquez; se declara el mismo romántico, guerrero y soñador de siempre y un poeta de la vida. Escribe versos, en los que habla de gaviotas blancas que echan a volar, y donde irradia su alma noble y pura, con poemas a la madre que no está, al Che,  y en especial a sus “mujeres del alma”: sus hijas Ailí, Lizbeth, Laura y a su esposa Elizabeth, a la que califica de “mi fuerza, mi energía, mi  inspiración, mi amor y mi amante, mi Penélope soñada, mi amiga y fiel compañera, mi idilio y mi promesa”.

Ramón Labañino cumple una condena indigna de 30 años de prisión por impedir la muerte de las hijas e hijos de su pueblo y de otras naciones. Por esa causa justa sabe que celebra este cumpleaños 49 más acompañado que nunca, con la convicción de que seguirá como el mismo hombre que soñó una vez su madre ver vestido de militar de la patria.

Quizás en ese ser que no pudo saber del altruismo y entrega de su hijo, devenido militar del silencio, pensaba Ramón cuando pronunció su Alegato de Defensa en el año 2011:

“¡Si por evitar la muerte de seres humanos inocentes, si por defender a nuestros dos países del terrorismo, y evitar una invasión inútil a Cuba es por lo que se me condena hoy, pues bienvenida sea!

¡Llevaré el uniforme de recluso con el mismo honor y orgullo con que un soldado lleva sus más preciadas insignias!”.

 

 

 

 

 

 

 

Gerardo Hernández: una vida por la patria

Gerardo Hernández: una vida por la patria

Gerardo Hernández Nordelo cumple este 4 de junio sus 47 años de edad. Los cumple tras las rejas, en una prisión de máxima seguridad, condenado a la desmesurada, injusta e ilógica sanción de dos cadenas perpetuas y quince años de privación de libertad.

Casi 14 años ha resistido, junto con sus hermanos de lucha, este cubano grande. Y así, con la frente alta, ha enfrentado el enseñamiento más cruel: aislamiento, incomunicación, la tortura sicológica del “hueco”, el dolor de conocer de la enfermedad y posterior fallecimiento de su madre Carmen, la imposibilidad de ver siquiera una vez a su esposa Adriana.

Pero Gerardo llega a sus 47 años más libre que el enemigo que en él vierte todo el odio a un pueblo libre y digno.

Ahí están sus cartas diseminadas por todo el mundo, dirigidas a las amigas y amigos que despliegan iniciativas para que se conozca cada día más sobre el caso.

Ahí están sus palabras de amor a Adriana, la jovencita pequeña, bella y de ojos negros y grandes, que lo cautivó desde que la conoció en una parada de ómnibus de la Habana.

Ahí está su risa, su pasión por el equipo de pelota de Industriales, sus caricaturas, siempre críticas, aleccionadoras, contestatarias.

Ahí está su fino humor, sus gestos de bondad, su ternura infinita cuando le escribe a nuestro pueblo, o a los propios hijos e hijas del pueblo norteamericano, o cuando se dirige a la gente de bien del planeta, a quienes ha calificado como “un jurado de millones” que conseguirá la justicia.

Ahí está su alma abierta cuando salva a una avecilla en prisión, a la que llama Cardenal, y que, como cuento de hadas, aparece y desaparece en fechas simbólicas: su cumpleaños y el día de su boda.

Ahí está su voz cuando se le siente emocionado, al hablar con las niñas y niños de la compañía infantil la Colmenita, cuando  se presentaron en Estados Unidos, y con quienes envía un beso a la gente que le quiere.

Ahí está el joven que siguió las huellas internacionalistas del Che y fue a Angola, el que estudió Relaciones Internacionales, y defendió los sueños de llevar la voz de su país a todo el mundo; el que un día partió a Estados Unidos con la misión de impedir acciones terroristas en su patria; el que renunció incluso a su propia vida, a su familia, a su hogar, a su profesión, por una causa mayor.

Gerardo Hernández celebra estos 47 años más acompañado que nunca. Su nombre recorre el mundo, su causa es la causa de muchos. Su amor se multiplica, sus condenas son un dedo acusador contra el sistema jurídico norteamericano, una nación que se enarbola paladín de la lucha contra el terrorismo.

Su firmeza, su fe, su risa siempre franca son razones más que suficientes para continuar la lucha por la libertad de ese cubano digno que en el año 2001, ante un Tribunal parcializado y manipulado políticamente, aseveró:

 “Su señoría, la Fiscalía considera, y así lo ha pedido, que debo pasar el resto de mi vida en una cárcel. Confío en que si no es en este, en algún otro nivel del sistema, la razón y la justicia prevalecerán por encima de los prejuicios políticos y los deseos de venganza y se comprenderá que no hemos hecho ningún daño a este país, que merezca semejante condena. Pero si así no fuera, me permitiría repetir las palabras de uno de los más grandes patriotas de esta nación, Nathan Hale, cuando dijo: "Solo lamento no tener más que una vida para entregar por mi patria".

"Del manto del amor": para las madres de los cinco

"Del manto del amor": para las madres de los  cinco

"Del manto del amor" es el título de un poema de Antonio Guerrero, dedicado a Mirta Rodríguez, su madre, y no reconozco realmente una frase mejor para definir todo lo que han hecho durante estos años de encierro, dolor y esperanza, las madres de los Cinco Héroes cubanos.

Cuenta Tony que fue en una visita a la prisión donde Mirta y su hijo Tonito le ayudaron a construir los versos “sobre la ternura más pura, la de una madre y lo que ella representa”.Y dice el luchador que fue su progenitora quien, para el último cuarteto, propuso el hermoso verso ‘la ternura infinita’:

 

La ternura más pura

del manto del amor

se envuelve la ternura,

la ternura más pura

que es lucero y es flor.

 

La ternura que engendra

el árbol de la vida,

la que hace que uno aprenda

lo que nunca se olvida.

 

La ternura infinita,

la que todo lo abre,

la que nada la imita,

la que ofrece una madre    

 

Ternura infinita han derrochado en estos catorce años de encierro de sus hijos estas madres-coraje. Ellas han devenido líderes del combate por la libertad de Gerardo, René, Ramón, Fernando y Antonio.

Escucharlas hablar en cualquier tribuna, en una entrevista concedida a un medio de prensa, en un recorrido por esta isla, o por cualquier lugar del mundo donde un grupo solidario las invite, es tener la certeza de que sólo mujeres de esa estirpe pudieron engendrar hombres de la estatura de estos luchadores.

Muchos aseguran que Nereyda Salazar, la madre de Ramón, ya fallecida, vivía orgullosa de su vástago, y para él, uno de sus mayores sufrimientos es saber que ella murió sin poder conocer de su misión.

Carmen, la madre de Gerardo Hernández, dijo adiós, porque, aseguran, no pudieron su corazón y su mente soportar el dolor de ver a su hijo condenado por un delito que nunca cometió. Mientras sus fuerzas la acompañaron, participó en todos los actos para reclamar la libertad de los héroes.  Fue a la cárcel a visitarlo, y cuentan que sus ojos se iluminaban cuando, aún muy enferma, le mencionaban el nombre de su querido hijo.

Mirta camina hoy más lento, pero su energía se mantiene intacta. Hablar de su hijo le da ímpetus para continuar.

Magali e Irma han confesado que en momentos muy duros, como el instante en que reciben sus llamadas o cuando van a visitarlos a prisión, o cuando los imaginan tras una celda, pasando todos los rigores de una prisión injusta, o cuando fueron a la vista de resentencia, han sentido mucho dolor, un dolor que sólo se compensa con la fuerzas que ellos les transmiten, esa fuerza de coraje que las anima a continuar y lidiar contra la injusticia.

Las tres nos acompañan actualmente en esta lucha, ¿qué decirles en este día? Quizás enviarles este domingo especial todo el agradecimiento de un pueblo que vive orgulloso de tenerlas, que comparte con ellas sus alegrías, tristezas, sueños, esperanzas, sus batallas de siempre.

Por las lágrimas que en silencio han derramado, por esa sonrisa siempre tierna cuando muchos hijos se les acercan, por sus voces siempre firmes, reclamando libertad. Porque sus frentes se mantienen altas, y porque la nostalgia y el dolor no han mellado ni un ápice su fe y el espíritu indoblegable que heredaron de Mariana, porque no han tenido tiempo para el cansancio ni para el odio, porque son nuestras, tan cubanas como aquellas que fueron a la manigua, o las que dieron un beso de despedida al hijo que partió a cumplir una misión. Porque saben que el tiempo es de lucha, y que sólo el amor repartido y multiplicado podrá abrir las prisiones injustas. Por todo ello, este domingo, viven esta celebración del Día de las Madres, con una certeza y un compromiso: todo un pueblo y mucha gente buena del mundo continuaremos la batalla hasta que René, Ramón, Gerardo, Antonio y Fernando estén en casa, en su patria, y puedan recibir, definitivamente, el beso de la madre y de la esposa que un día quedaron pendientes en cualquier rincón del hogar.

Y que ese manto de amor que ellas han ofrecido siempre, sea el motivo más grande para decirles que jamás estarán solas, y que un día llegará en que podrán abrazar, aquí en la patria, a los hijos que vendrán victoriosos, con la estrella en la frente, y llenos de esa “ternura infinita, la que todo lo abre, la que nada la imita, la que ofrece una madre”.